Panglao, la isla hecha para el turismo asiático

¿Qué esperábamos de Panglao?

Como te hemos contado, Bohol es una isla con un auténtico universo de contrastes. Desde paisajes de interior llenos de arrozales y colinas de chocolate, hasta playas de postal. Panglao es la zona más turística de la isla, esa que cada vez suena más entre los viajeros y donde los hoteles se multiplican a pasos agigantados. No teníamos muy claro qué esperar, pero sabíamos que queríamos vivirlo por nosotros mismos. Así que le dedicamos un par de días a explorar esta zona que cada vez está más de moda. ¿Nuestra idea? Disfrutar de sus playas, comer rico y descubrir si merecía realmente tanta fama.

La llegada

Llegar a esta gran isla puede hacerse de varias formas: en ferry desde otros puntos del país o incluso en avión. Pero lo importante aquí es: ¿cómo llegas a Panglao si no es tu punto inicial? Pues bien, si tu destino final es directamente Panglao, estás de suerte: tiene su propio aeropuerto, así que puedes aterrizar ahí sin complicaciones.
Pero si, como nosotros, llegas por mar a Tagbilaran (la capital de Bohol), toca moverse un poco más. En nuestro caso, nada más bajar del ferry nos encontramos con la clásica escena filipina: taxistas esperando, conductores de grab que no pueden entrar al puerto, y un grupito de tricycles esperando unos metros más allá, un poco escondidos.
Nosotros optamos por negociar con uno de los tricycles (como siempre, regateo mediante), y pusimos rumbo a Panglao, preparados para descubrir si esta zona tan turística tenía algo más que ofrecer que resorts y playas bonitas.

Primeras impresiones

Nuestro hotel en Panglao estaba un poco alejado del bullicio de la ciudad, pero cuando conocimos el centro… ¡nos alegramos muchísimo de haberlo elegido! La zona más turística, donde se concentran la mayoría de los alojamientos, restaurantes y agencias, nos pareció un pequeño caos de tráfico, ruido y luces. Así que aquel rincón más tranquilo donde dormíamos se convirtió en nuestro pequeño refugio.
Después de instalarnos y darnos una ducha rápida, salimos a explorar. Desde el tricycle ya habíamos visto un montón de opciones para comer, tomar algo o contratar excursiones, y todo apuntaba a que no nos iban a faltar planes.
Nuestro objetivo principal en esta primera toma de contacto era sencillo: pasear, buscar algún sitio para cenar y, por supuesto, acercarnos a ver la famosa playa de Alona de la que tanto hablaban en blogs y recomendaciones. Con muchas ganas y algo de hambre, comenzaba nuestra aventura por la cara más turística de Bohol.

Recorriendo la isla

Desde el primer paseo por Panglao, nos dimos cuenta de que esta ciudad no se parecía mucho a lo que habíamos encontrado en otras partes de Filipinas. Todo estaba pensado por y para el turismo coreano: menús en coreano, carteles en coreano, dependientas que directamente nos hablaban en coreano… Así que, como era de esperar, el turismo que predominaba era mayoritariamente coreano.
Paseando sin rumbo, dimos con el curioso Boulevard París de Panglao, donde un cartel anunciaba un espectáculo de fuego a las 8 pm. Así que, mimetizándonos con el ambiente, decidimos regresar más tarde para disfrutarlo. Mientras tanto, nos acercamos al paseo marítimo: más de lo mismo, ambiente turístico, música alta…
Nos compramos unas cervezas en el 7-Eleven y nos sentamos en la orilla del paseo marítimo, junto a unos locales que, con mucha curiosidad, comenzaron a preguntarnos por España y por nuestro viaje. Fue uno de esos momentos sencillos pero especiales que te reconcilian con los lugares demasiado turísticos.
Cuando se acercó la hora del espectáculo, volvimos al Boulevard para coger buen sitio. En lugar de entrar al restaurante donde lo organizaban, que tenía entrada y consumición obligatoria, encontramos una pequeña heladería que también servía cervezas justo enfrente. No éramos los únicos con esa “jugada” en mente, así que nos acoplamos allí. Además, Nos ofrecieron un «aperitivo» con las cervezas y llegamos a decir, con la emoción de quien se siente un poco en casa: “¡Jo! te ponen tapa como en León, ¡qué detalle!”. La emoción duró poco: la tapa era una bolsa de snacks de gamba y pescado seco. Una mezcla entre patatas fritas y cortezas, pero con sabor a mar muy concentrado. Nada apetecible, pero… el gesto contaba.

El espectáculo de fuego empezó: unas 5 o 6 personas haciendo malabares con fuego, coreografiados al ritmo de la música. Estuvo bastante bien, aunque ya lo habíamos vivido con más fuerza en Phi Phi (Tailandia). Aun así, fue un buen plan para cerrar el día.
A la mañana siguiente, Pablo, que por aquel entonces aún no se dormía por las esquinas, se levantó temprano para investigar la tan mencionada Danao Beach. Cuando volvió y me desperté, su veredicto fue claro: «No merece la pena ni el paseo hasta allí».

Así que fuimos a desayunar y el resto del día lo pasamos entre la piscina del hotel y la habitación, aprovechando para avanzar trabajo. Por la noche, sin muchas ganas de experimentar más, volvimos a cenar por el boulevard… y acabamos en una pizzeria.

El punto final en esta zona

Para visitar nuestro siguiente destino, el día que llegamos hablamos con un conductor de tricycle y acordamos un precio muy razonable para que viniera a recogernos. Así que lo único que tuvimos que hacer fue preparar nuestras mochilas, acostarnos pronto y esperar a que a las 7 de la mañana del día siguiente estuviera en la puerta para llevarnos. Sencillo y sin complicaciones.

Reflexión sobre Panglao

De esta isla habíamos leído que tenía playas preciosas y un ambiente muy animado, y puede que así fuera en el pasado… pero nuestra sensación fue otra. Panglao se ha transformado en un destino completamente volcado en un tipo de turismo muy específico, especialmente el turismo coreano. Y aunque esto no es ni bueno ni malo per se, sí que nos hizo sentir que el ambiente era muy distinto al que habíamos venido buscando en Filipinas.
Entre bromas, acabamos llamando a esta zona “el Benidorm coreano”, con cariño, pero también con cierta resignación. Restaurantes, carteles, personal… todo estaba orientado exclusivamente hacia ese perfil de turista, y eso se notaba en cada paso que dábamos.

¡Nuestra recomendación!

Si no eres muy fan de las grandes aglomeraciones y de la restauración asiática, puedes saltarte Panglao sin problemas. En Filipinas hay muchas otras islas con playas más auténticas y una experiencia mucho más conectada con la esencia local.

¿Alguna vez te ha pasado llegar a una ciudad en un país y dudar de en qué país estas? Cuéntanos tu experiencia.

¿Qué hacer en Panglao?

Imprescindibles

  • Alona Beach: playa con un paseo marítimo con mucho ambiente nocturno, en la playa en sí no podrás disfrutar demasiado

Si tienes algo más de tiempo

  • Danao Beach: playa en la que será complicado bañarte
  • Gastronomía y restauración: si te has acercado hasta aquí, dale una oportunidad a otro tipo de comida asiática, seguro que no te arrepientes

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