La bienvenida al Sudeste Asiático de 3 días en Bangkok
¿Qué esperábamos de Bangkok?
Bangkok era una completa desconocida para nosotros hasta que decidimos lanzarnos a nuestro primer viaje por el Sudeste Asiático. No teníamos claras sus dimensiones, ni cómo se organizaba la ciudad, ni exactamente qué ver. Solo sabíamos una cosa: si queríamos recorrer Tailandia, Bangkok sería nuestro punto de inicio… y también de final.
Así que tocaba investigar. Y poco a poco fuimos descubriendo que, más allá de ser una ciudad enorme, Bangkok estaba llena de templos, mercados y palacios por explorar. Una mezcla que, además, convivía con centros comerciales de lujo y zonas completamente modernas.
Y, cómo no, también había referencias más “cinematográficas”. Pablo, por ejemplo, tenía una idea bastante clara gracias a Resacón 2: ¡Ahora en Tailandia!… lo cual no sabemos si ayudaba mucho o más bien todo lo contrario.
La llegada
Llegar a Bangkok es bastante sencillo. Al ser la capital de Tailandia y uno de los principales hubs del Sudeste Asiático, las conexiones aéreas son constantes y bien organizadas. Algo que facilita mucho empezar el viaje sin complicaciones.
En nuestro caso, lo teníamos claro: vuelo desde España con escala en Abu Dhabi y destino final Bangkok. Aterrizamos sobre las 10 de la mañana y, una vez allí, tocaba tomar la primera decisión práctica del viaje: cómo llegar al alojamiento.
Optamos por lo fácil. Pedimos un Grab directamente desde el aeropuerto para no perder tiempo con combinaciones de transporte. Queríamos llegar cuanto antes, dejar las cosas y aprovechar el día sin que el cansancio del vuelo nos pasara factura más tarde.
Primeras impresiones
Llegamos al hotel sin problema… más allá de las primeras quejas de Pablo por la ubicación que habíamos elegido. Lo curioso es que ninguno sabíamos aún que, en realidad, estábamos bastante mejor situados de lo que pensábamos. Cosas del primer día en Bangkok.
Ducha rápida, intentar despejarse después del vuelo y salir a explorar. Primera misión: enfrentarnos a la ciudad más grande en la que habíamos estado hasta ese momento.
Y como suele pasar, el primer contacto fue un poco caótico. Dudas constantes: ¿hacia dónde vamos?, ¿cómo se llega?… Todo bajo un sol intenso, rodeados de tráfico, motos, cláxones y gente moviéndose en todas direcciones. Bangkok no se presenta poco a poco, te golpea de primeras.
Caminando sin demasiado rumbo, acabamos llegando a ICONSIAM, uno de los centros comerciales más lujosos que habíamos visto nunca… y que estaba a apenas cinco minutos andando de nuestro hotel. Primer contraste del viaje: caos en la calle, lujo absoluto en cuanto cruzas una puerta.
Y ahí surgió la siguiente gran pregunta: ¿cómo llegamos al Gran Palacio de Bangkok? La respuesta estaba justo delante de nosotros. Un embarcadero.
En ese momento entendimos que en Bangkok moverse no siempre es cuestión de carreteras. A veces, la forma más sencilla de llegar es subirte a un barco público… como si fuera un autobús sobre el agua.
Recorriendo Bangkok
Después de unos 20 minutos en barco, y con la boca ya abierta desde el primer minuto, llegamos al embarcadero del Gran Palacio de Bangkok. Antes de empezar, primera necesidad básica: café. Y primer reto superado. Por suerte, la persona que nos atendió hablaba inglés y conseguimos entendernos sin problema.
Con el café en la mano y listos para entrar… primer error de novatos. Pablo en pantalón corto y Ali con tirantes. Resultado: ninguno de los dos podía acceder. Tocaba improvisar. Aunque sabíamos que alrededor habría vendedores, preferimos alejarnos un poco y buscar una tienda más tranquila. Así fue como Pablo estrenó sus primeros pantalones de elefantes y Ali se hizo con una chaqueta para cubrirse los hombros.



Dentro, el complejo es simplemente espectacular. El recinto del Gran Palacio es enorme y está lleno de templos, detalles y rincones que no se acaban nunca. Desde el famoso Buda Esmeralda hasta cada una de sus estructuras, todo tiene algo que mirar. Nos tiramos más de tres horas recorriéndolo sin parar. Salimos tarde, cansados y con la sensación de haber visto muchísimo… pero sabiendo que Bangkok aún tenía mucho más que ofrecer.
Al día siguiente volvimos a la zona, esta vez con todo mucho más claro. Primera parada: Wat Pho, justo al lado. Allí está el famoso Buda Reclinado, uno de los más grandes del mundo, rodeado de pagodas y detalles que vuelven a dejarte sin palabras. Esta vez fue Ali la que tuvo que ponerse los pantalones de elefantes.
Desde ahí cruzamos el río en barco para visitar Wat Arun. Solo el trayecto ya merece la pena, pero el templo, con su arquitectura y sus detalles, es otro de esos lugares que se te quedan grabados.




De vuelta, seguimos explorando la ciudad sin rumbo fijo hasta llegar a Wat Suthat y al famoso Columpio Gigante. Fue también ahí donde, sin esperarlo, nos intentaron vender un paseo en tuk tuk que, con bastante esfuerzo, conseguimos esquivar.
Continuamos caminando hasta el Monumento a la Democracia y, desde ahí, llegamos a Khao San Road. Caos absoluto. Luces, música, puestos de todo tipo… desde escorpiones y ciempiés hasta trajes a medida. Nos sentamos en una terraza, más inglesa que tailandesa, donde acabamos compartiendo cervezas con un viajero estadounidense. Uno de esos momentos que no planeas, pero que te llevas.





El día terminó con una pequeña “aventura”: un Grab que nos llevaba en dirección contraria al hotel. Sin idioma común, sin entendernos y en mitad de la calle. Al final, traductor en mano y algo más de dinero, conseguimos llegar. Resultado: había dos hoteles con el mismo nombre en direcciones opuestas.
El tercer día lo planteamos más tranquilo… pero Bangkok tenía otros planes. Nos movimos hacia Chinatown Bangkok y acabamos en un mercado local donde el olor era tan intenso que tuvimos que salir corriendo.
Ese mismo día descubrimos algo curioso: la venta de alcohol estaba prohibida durante 48 horas; conoce todo lo que hay detrás en nuestra sección Lo Aprendí Viajando. Neveras cerradas con candados, bares sin servir… hasta que encontramos un pequeño “atajo” en Khao San Road. Un chico nos susurró que tenía cerveza, subimos unas escaleras con dudas… y acabamos en un pub inglés donde nos sirvieron en vasos de cartón. Una de esas situaciones que ahora no repetiríamos.



Antes de irnos, decidimos visitar un último templo algo más alejado. Después de 40 minutos en metro, encontramos un enorme Buda que, sin esperarlo, se convirtió en uno de los momentos más sorprendentes del viaje.
Y cuando pensábamos que todo había terminado… 27 días después volvimos a Bangkok. Teníamos 8 horas antes del vuelo a España y decidimos aprovecharlas en el MBK Center. Un centro comercial gigantesco, lleno de puestos, imitaciones y souvenirs. No somos fans de los centros comerciales… pero estuvimos más de tres horas dentro.
Bangkok no es una ciudad que se visite. Es una ciudad que te pasa por encima… y tú decides si te dejas llevar o no.
El punto final en esta ciudad
Ahora sí, tocaba cerrar etapa en Bangkok. Recogimos las mochilas del locker y pusimos rumbo de nuevo al aeropuerto para coger el vuelo de vuelta a casa.
Desde el MBK Center cogimos el metro hasta la estación central y, desde allí, el autobús lanzadera que conecta con el aeropuerto. Un trayecto sencillo, sin complicaciones, pero con esa sensación de final que siempre cuesta un poco asumir.
Bangkok quedaba atrás… al menos por ahora.
¿Por qué no visitamos el mercado flotante ni el mercado del tren?
Si has llegado hasta aquí, probablemente te estés haciendo la pregunta: ¿por qué no fuimos a ver dos de los mercados más famosos de Bangkok? La respuesta es bastante sencilla.
En base a lo que habíamos leído antes del viaje, llegar hasta estos mercados no era especialmente fácil y, una vez allí, la experiencia no parecía tan espectacular como la pintaban. Con esa información, decidimos priorizar otros planes dentro de la ciudad.
Con el paso del viaje, hablando con otros viajeros y compartiendo experiencias, esa idea se reforzó. Nos contaron que ambos mercados están muy masificados, que en muchos casos el enfoque es completamente turístico y que la experiencia real dista bastante de lo que se ve en fotos o vídeos.
Así que, mirando atrás, sentimos que fue una buena decisión. Preferimos invertir el tiempo en otros rincones de la ciudad y no contribuir a ese tipo de experiencias que se venden como locales… pero que, en realidad, están pensadas casi exclusivamente para el turista.
Reflexión sobre Bangkok
Bangkok fue nuestra bienvenida al Sudeste Asiático… y también nuestra despedida más extraña de Tailandia. Una ciudad que, desde el primer momento, nos enseñó el caos, pero también la belleza. Donde entendimos la importancia de la religión y la monarquía, y donde cada templo y cada escultura tienen un significado que va mucho más allá de lo visual.
Es una ciudad de contrastes constantes. Donde puedes pasar de templos centenarios a rascacielos y rooftops en cuestión de minutos. Donde conviven restaurantes de lujo con mercados locales y donde una abuela comprando pescado fresco forma parte del mismo paisaje que un centro comercial gigantesco.
Bangkok nos recibió con los brazos abiertos, nos enseñó que el respeto no es opcional… y nos despidió con esa sensación incómoda de no saber si volver a casa era realmente lo que tocaba.
¡Nuestra recomendación!
Si viajas a Bangkok, hazlo con la mente abierta. Te encontrarás caos, tráfico constante, motos por todas partes y momentos en los que tendrás que cruzar la calle sin demasiadas garantías. Pero también descubrirás, casi sin darte cuenta, por qué Tailandia es conocida como el país de las sonrisas.
Viaja preparado: ropa adecuada para templos, la maleta con espacio libre y, sobre todo, una actitud basada en el respeto. Porque Bangkok no se entiende si no vienes dispuesto a adaptarte a ella… y no al revés.
Bangkok no se entiende al llegar… se entiende cuando aprendes a moverte en su caos y empiezas a formar parte de él.
Los mejores lugares de Bangkok
Imprescindibles
- The Grand Palace: complejo histórico que fue residencia oficial de los reyes de Tailandia. Alberga templos y edificios de gran valor cultural y arquitectónico.
- Wat Phra Keo Museum: museo dentro del recinto del Gran Palacio que expone arte y objetos relacionados con la tradición budista y la historia tailandesa.
- Wat Pho: templo famoso por albergar el Buda Reclinado, una de las figuras más grandes del país. Es también uno de los centros tradicionales de masaje tailandés.
- Wat Arun: templo situado a orillas del río Chao Phraya, conocido por su torre central decorada con porcelana. Destaca especialmente al amanecer y al atardecer.
- Thanon Khao San: calle muy popular entre viajeros por su ambiente animado, bares y puestos callejeros. Es uno de los puntos más turísticos de Bangkok.
- Wat Suthat Thepwararam Ratchaworamahawihan: templo menos concurrido conocido por su arquitectura tradicional y su cercanía al Columpio Gigante. Destaca por su tranquilidad frente a otros templos.
- Centro MBK: centro comercial con múltiples plantas y gran variedad de tiendas. Es conocido por sus puestos de tecnología, souvenirs y productos económicos.
Si tienes algo más de tiempo
- Monumento a la Democracia: monumento que conmemora el cambio político de 1932 en Tailandia. Se encuentra en una de las avenidas principales de la ciudad.
- El Columpio Gigante: estructura ceremonial de gran tamaño situada frente a Wat Suthat. Antiguamente se utilizaba en rituales religiosos brahmanes.
- Wat Pak Nam Phasi Charoen: templo conocido por su enorme estatua de Buda visible desde varios puntos de la ciudad. Es menos turístico y ofrece una experiencia más local.
- Barrio Chino de Bangkok: barrio histórico lleno de mercados, puestos de comida y comercios tradicionales. Es uno de los lugares más auténticos y animados de la ciudad.










