Koh Tao, Isla Tortuga, donde nos enamoramos del mar

¿Qué esperábamos de Koh Tao?

Cuando por fin decidimos que las playas de nuestro viaje por Tailandia serían las del Golfo de Tailandia y no las de Phuket, hubo una isla que empezó a aparecer constantemente en nuestros planes: Koh Tao.

Una isla diminuta, más pequeña incluso que Formentera, pero famosa en todo el mundo por sus fondos marinos y el buceo. Cuanto más investigábamos, más sentido tenía incluirla en la ruta.

Después de darle unas cuantas vueltas, tomamos la decisión: le dedicaríamos cinco días completos. Y, sin saberlo todavía, allí empezaríamos algo que terminaría formando una parte muy importante de nuestra vida viajera.

La llegada

Llegar a Koh Tao fue bastante sencillo. Veníamos de pasar unos días en una isla cercana, así que solo tuvimos que coger un ferry de aproximadamente una hora hasta el puerto. Y es que aquí no hay otra forma de llegar: barco sí o sí.

Poco a poco, mientras nos acercábamos, empezamos a entender por qué tanta gente habla de este lugar como algo especial. Agua turquesa, pequeñas montañas cubiertas de vegetación y esa sensación de isla pequeña donde todo parece quedar cerca.

Primeras impresiones

Nada más poner un pie en Koh Tao, entendimos todo lo que habíamos leído antes de llegar. Aquello era el paraíso del buceador.

Barcos de escuelas de buceo por todas partes, botellas de oxígeno apiladas, gente cargando equipos y viajeros de todos los rincones del mundo preparándose para su siguiente inmersión. Bastaron unos minutos caminando por la calle principal para darnos cuenta de que la isla gira completamente alrededor del mar.

Y es que el ambiente aquí no destaca precisamente por sentirse local. Más bien al contrario. Koh Tao tiene una energía muy internacional, muy enfocada al buceo, a la vida marina y a esa sensación de comunidad viajera que se crea alrededor del océano.

Aun así, en cuanto nos desviamos un poco de la zona principal para llegar al alojamiento, apareció otra realidad. Detrás del bullicio turístico seguía existiendo la isla local: gallinas cruzando las calles, ropa tendida y pequeñas casas escondidas entre caminos. Una escena mucho más cotidiana y auténtica.

Llegar al alojamiento tuvo su pequeña aventura. Google Maps decía una cosa… pero entrar no era tan sencillo como parecía. Después de un rato dando vueltas, conseguimos instalarnos y salir directos hacia Pura Vida, la escuela donde habíamos reservado el primer curso de buceo de nuestra vida: el Open Water.

Después de organizar todo, salimos a seguir explorando un poco la isla. Y la sensación seguía siendo la misma: escuelas de buceo, ambiente viajero y vida alrededor del mar.

Eso sí, alejándonos un poco de la calle principal encontramos otra cara de Koh Tao. Una zona paralela a Sairee Beach llena de restaurantes, bares y cafeterías con muchísimo ambiente. Allí acabamos tomando algo y cenando tranquilamente.

Sin alargarnos demasiado, porque al día siguiente empezaba la verdadera aventura: aprender a respirar bajo el agua.

Recorriendo la llamada Isla Tortuga

Nuestros cinco días en Koh Tao fueron intensos… y muy especiales. Los tres primeros giraron completamente alrededor de conseguir nuestra certificación Open Water de buceo. Una experiencia que os contamos en el siguiente apartado porque merece capítulo propio.

El cuarto día fue bastante más caótico.
Después de una noche de fiesta con Nino y sus amigos (sí, acabó exactamente como imagináis) el cuerpo no estaba para demasiadas aventuras. Aun así, decidimos intentar conocer un poco más la isla y nos fuimos a alquilar una moto. Y aquí empezó una de esas historias que seguimos contando años después.

Fuimos al sitio que nos había recomendado Ion, nuestro instructor de buceo. La señora del alquiler nos dio la moto, los cascos y listo. Ni una pregunta. Ni un “¿sabéis conducir?”. Nada. Y claro… nosotros nunca habíamos llevado una moto.

Pablo arrancó como pudo, con ayuda de la señora, y aquello parecía una escena de los Picapiedra: avanzando con los pies por el suelo porque era incapaz de subirlos a la scooter. Como la calle principal estaba en cuesta, decidimos movernos a la calle del hotel para practicar en plano.

Allí estuvimos intentando de todo: los dos encima, Pablo solo, ánimo por aquí, ánimo por allá… hasta que llegó la frase definitiva: “Se acabó, devolvemos la moto”.

La señora, la verdad, fue encantadora. Nos devolvió el dinero sin problema. El único pequeño detalle era que Pablo se negaba rotundamente a mover la moto de donde estaba. Así que me tocó explicarle que la moto seguía aparcado en la calle del hotel porque éramos incapaces de devolverlo conduciendo. Todavía recordamos su cara intentando decidir si reírse o preocuparse.

Después de asumir que las motos no eran lo nuestro, volvimos a Pura Vida para preguntar si conocían a alguien que hiciera tours en coche por la isla. Y así conseguimos organizar el plan del día siguiente.

Ese día lo pasamos tranquilos, disfrutando del ambiente de la escuela, descansando y absorbiendo un poco esa energía tan especial que tiene Koh Tao.

A la mañana siguiente, ahora sí madrugando de verdad, nos recogió un conductor para recorrer la isla. Y ahí entendimos que Koh Tao no es solo especial bajo el agua. Fuimos parando por distintas playas y bahías como Tanote Bay, Ao Leuk o la Bahía de Chalok. Pasamos el día entre snorkel, sol y mar.

Y fue precisamente haciendo snorkel cuando vivimos algunos de los momentos más especiales: ver pequeños tiburones de arrecife o cruzarnos con la tortuga más grande que habíamos visto hasta entonces. Todo ello sin prisas, sin grandes masas y con esa sensación de que la isla todavía guarda rincones muy auténticos.

Primera vez buceando en Koh Tao

Como os contamos al principio, Koh Tao apareció en nuestra ruta casi por casualidad. Buscando dónde tendríamos mejor clima acabamos descubriendo esta pequeña isla famosa por el buceo. Y una vez allí, hubo una idea que empezó a ganar fuerza: hacer nuestro primer curso.

Pablo ya venía enamorado del mar gracias al snorkel y tenía amigos que buceaban. Fue él quien insistió. Yo, sinceramente, pensaba que con un bautismo sería suficiente… hasta que terminé cayendo en la tentación. Y os puedo asegurar que llegué con bastante miedo.

Antes de aterrizar en Koh Tao me pasé días viendo pruebas, ejercicios y vídeos para intentar entender si sería capaz. Pero hasta que no estás allí, con el equipo puesto y sabiendo que vas a respirar debajo del agua, no entiendes realmente los nervios.

El curso Open Water dura tres días. Nosotros empezamos una tarde con una clase teórica bastante intensa donde te explican desde cero cómo funciona todo. Al día siguiente: más teoría, examen escrito… y al agua.
La primera inmersión fue en la orilla, haciendo ejercicios constantemente: quitarte la máscara, vaciarla, ponerte y quitarte el chaleco, controlar la flotabilidad… Y aunque por fuera parecía tranquila, por dentro estaba aterrorizada. Las noches previas fueron una auténtica pesadilla de nervios.

Pero poco a poco todo empezó a cambiar.

Esa misma tarde hicimos otra inmersión, esta vez algo más profunda. Primero ejercicios… y luego disfrutar. Y fue justo ahí cuando entendí por qué tanta gente se enamora del buceo.
El último día quedaban dos inmersiones más. Una de ellas para alcanzar los 18 metros, algo que me tuvo despierta media noche pensando. Y la última ya era simplemente disfrutar del mundo submarino y mejorar habilidades.

Cuando salimos del agua por última vez… ya éramos Open Water.
Y si para mí aquella experiencia fue tan especial, fue en gran parte gracias a Ion. Nuestro instructor. Una persona que transmitía tranquilidad, seguridad y pasión por el mar. Justo lo que necesitas cuando estás entrando en un mundo completamente desconocido.

También tenemos muchísimo cariño a Pura Vida, la escuela que nos acompañó en esos primeros pasos bajo el agua.
Y luego está lo que ves ahí abajo.
Corales, peces tropicales, rayas de puntos azules, meros… y el animal que desde entonces se convirtió en mi auténtica pesadilla: el Trigger Fish. Hasta nos dieron una charla específica sobre él porque es extremadamente territorial. A día de hoy, creo que prefiero cruzarme con un tiburón pequeño antes que con uno de esos.

Pero el buceo no solo ocurre debajo del agua.
Entre inmersión e inmersión conoces personas increíbles. Gente que ha cambiado completamente de vida, viajeros de todas partes y personajes difíciles de olvidar. Así conocimos a Nino, un andaluz que dejó su trabajo como camionero en España para mudarse a Koh Tao y convertirse en instructor de buceo.

Con él compartimos cervezas, futbolín, conversaciones y una de las noches más divertidas del viaje. Empezamos haciendo “botellón” delante de un 7-Eleven y terminamos bailando reggaetón en un bar latino de la isla.

Y lo mejor es que años después seguimos teniendo contacto con él. Porque hay lugares que recuerdas por lo que ves… y otros por las personas que conoces.

Nosotros en el barco de la escuela de buceo

El punto final en esta isla

Y así, casi sin darnos cuenta, habían pasado cinco días increíbles en Koh Tao. Cinco días que no solo nos cambiaron el viaje… probablemente también una parte de nosotros.

La última noche fue bastante más intensa de lo que imaginábamos. Y no por salir de fiesta ni por despedidas. Fue intensa por todas las preguntas que empezaron a aparecer.

¿De verdad queríamos volver? ¿Y si nos quedábamos una temporada aquí? ¿Y si seguíamos buceando? ¿Cómo se lo explicaríamos a nuestra familia? ¿Y al trabajo? ¿Y a nuestros amigos?

Pasamos horas hablando de eso. Y, aunque en ese momento decidimos volver, algo había cambiado dentro de nosotros. Por eso decidimos tatuarnos lo que significó aquella isla, con bambú.

A la mañana siguiente tocaba despedirse de la isla. Cogimos un barco rumbo a Chumphon, una zona muy conocida entre buceadores, aunque mucho menos turística. Fueron más de cuatro horas de ferry que sirvieron, básicamente, para seguir haciéndonos las mismas preguntas del día anterior.

Desde allí tomamos un autobús que iba parando poco a poco hasta dejarnos en el hotel donde pasaríamos la noche antes del vuelo a Bangkok a la mañana siguiente.
Toda esa vuelta tuvo una sensación rara. Difícil de explicar. Como si una parte de nosotros no quisiera irse todavía.

Pero finalmente volvimos a Bangkok para pasar nuestras últimas horas en el país de las sonrisas, tal y como os contamos en el post de Bangkok, antes de emprender el camino de vuelta a casa.

Reflexión sobre Koh Tao

Koh Tao fue mucho más que una isla en nuestro viaje por Tailandia. Fue un punto de inflexión.

Habrá gente que no lo entienda, y sinceramente… a veces ni nosotros mismos sabemos explicarlo del todo. Pero salimos de allí siendo personas diferentes. Con la sensación de haber descubierto algo que, años después, acabaría formando parte de nuestra vida de una manera mucho más grande.

No creemos que Koh Tao signifique lo mismo para todo el mundo. Y tampoco pensamos que sea una isla para cualquiera. Pero si amas el mar, el buceo o simplemente esa sensación de comunidad que se crea alrededor de algo tan especial… este lugar tiene algo difícil de explicar.

Es cierto que llegar no es lo más sencillo y que necesitas tiempo para disfrutarla de verdad. Pero cuando llegas, entiendes por qué tanta gente se queda aquí más tiempo del previsto.

Porque Koh Tao no solo tiene playas bonitas o buenos fondos marinos. Tiene una energía muy concreta. Una comunidad internacional creada alrededor del océano y una conexión con el mar que se siente en cada rincón de la isla. Y eso, al menos para nosotros, fue lo que lo cambió todo.

¡Nuestra recomendación!

Si amas el mar o estás pensando en empezar a bucear, Koh Tao probablemente sea uno de los mejores lugares para hacerlo. La isla tiene vida, buen ambiente, paisajes espectaculares y una comunidad viajera muy especial.
Aquí no solo vas a encontrar inmersiones o playas bonitas. También personas que viven de otra manera y que entienden el mar como parte de su vida.

Ahora bien, si el mar no te llama especialmente o no te interesa el mundo submarino, sinceramente creemos que el esfuerzo de llegar hasta aquí puede no compensarte. Porque Koh Tao se disfruta de verdad cuando conectas con lo que ocurre debajo del agua.

Hay lugares que recuerdas por lo que viste… y otros, como Koh Tao, por cómo te hicieron sentir

¿Qué hacer en Koh Tao?

Imprescindibles

  • Sairee Beach: la playa más animada de Koh Tao, llena de bares, restaurantes y escuelas de buceo. Es uno de los mejores lugares para disfrutar del atardecer en la isla
  • Tanote Bay: bahía tranquila rodeada de vegetación y aguas cristalinas ideales para hacer snorkel. Destaca por su ambiente relajado y su vida marina
  • Ao Leuk: una de las playas más bonitas de la isla, famosa por sus aguas turquesas y su excelente visibilidad para snorkel y buceo
  • Bahía de Chalok Baan Kao: bahía situada al sur de la isla con un ambiente más tranquilo y local. Es ideal para relajarse y disfrutar de playas menos concurridas
  • Zona del puerto y centro de Koh Tao: zona con más movimiento de la isla, donde se concentran comercios, restaurantes y escuelas de buceo. Es el primer contacto de la mayoría de viajeros con Koh Tao
  • Nangyuan Island Beach: pequeña isla unida por bancos de arena y rodeada de aguas cristalinas. Es uno de los paisajes más icónicos y fotografiados de la zona

Si tienes algo más de tiempo

  • Mango Bay: pequeña bahía rodeada de naturaleza conocida por sus aguas transparentes y sus fondos marinos llenos de peces tropicales

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