¿Qué esperábamos de Kuala Lumpur?
Cuando incluimos Kuala Lumpur en nuestra ruta, lo hicimos con una idea bastante difusa de lo que nos íbamos a encontrar. Veníamos de ver muchos vídeos que la vendían como “la ciudad más barata del Sudeste Asiático” y, después de haber pasado por países realmente baratos, esa etiqueta nos sonaba, como mínimo, exagerada.
Nuestras expectativas eran bastante básicas. Kuala Lumpur como gran hub de AirAsia, escalas baratas, infinity pools con vistas al skyline, las Torres Petronas y las Batu Caves. Poco más. De hecho, esas experiencias más icónicas ya las contamos con detalle en el post “Kuala Lumpur: sus icónicos”.
Pero no queríamos quedarnos solo con esa versión superficial de la ciudad. Así que decidimos dedicarle cinco días completos para explorar todo lo que no suele aparecer en los vídeos rápidos ni en las guías más repetidas. Lo que Kuala Lumpur es cuando bajas el ritmo, te alejas de los imprescindibles… y empiezas a mirar de verdad.
La llegada
Llegar a Kuala Lumpur fue, curiosamente, llegar dos veces. La primera, en avión, a través del aeropuerto principal. En ese caso, el proceso fue sencillo: transporte público directo y, en unos 30 minutos, estábamos ya en la ciudad. Sin fricción, sin sorpresas.
La segunda llegada fue bastante distinta. Ya estábamos en Malasia y veníamos en autobús desde Malaca. Al llegar a la estación, tocó la parte menos glamur del viaje: comprobar cómo llegar hasta nuestro hotel. Y ahí la cosa se torció un poco. La zona estaba bastante mal comunicada y el transporte público no lo ponía nada fácil.
Así que hicimos lo que probablemente habría hecho cualquier viajero sensato después de un trayecto largo: tirar de nuestra aplicación de confianza, Grab, y seguir adelante sin complicarnos más de la cuenta. A veces viajar por libre también es saber cuándo no pelearte con el mapa.
Primeras impresiones
Ya instalados en el hotel, o mejor dicho, en un miniapartamento en la planta 22 de un edificio colosal, tocaba bajar revoluciones y empezar a pensar cómo íbamos a organizarnos en Kuala Lumpur. Desde ahí arriba, con la ciudad extendiéndose a nuestros pies, la primera sensación fue clara: esto no se parece a casi nada de lo que habíamos visto antes en el Sudeste Asiático.




Como no somos muy fans de limitarnos a pasear sin contexto, decidimos contratar un free tour para entender la historia y la evolución de la ciudad. Queríamos saber de dónde venía Kuala Lumpur antes de juzgar lo que teníamos delante. Fue una decisión acertada, aunque ese tour no sería hasta el día siguiente, así que aún teníamos por delante toda la tarde de nuestra llegada.
Y ahí apareció el primer pequeño choque con la realidad. El hotel, elegido a propósito por su infinity pool con vistas al skyline, estaba bastante mal comunicado. Cada desplazamiento hacia el centro implicaba, sí o sí, volver a tirar de Grab. Con ese panorama, decidimos no forzar la máquina: descanso, adaptación y dejar que la ciudad nos esperase al día siguiente, con la cabeza un poco más fresca.
Recorriendo Kuala Lumpur
A la mañana siguiente cogimos un taxi para encontrarnos con nuestro guía y el resto de los viajeros en Kafei Dian, en Jalan Panggong. Un edificio singular, con mucha historia, que durante un tiempo fue la oficina postal de Kuala Lumpur. Buen punto de partida para empezar a entender la ciudad desde sus orígenes.
A pocos metros hicimos la primera parada en Ali, Muthu & Ah Hock, una de las cafeterías más populares del momento. Pero aquí la moda venía con contexto: su nombre hace referencia a las tres grandes culturas que conviven en Malasia. Justo desde allí, casi sin avisar, apareció ante nosotros el gigantesco Merdeka 118. Con sus 678 metros, es el segundo edificio más alto del mundo y un símbolo muy potente de la historia reciente del país. Su diseño representa el momento en el que, en 1957, el primer ministro Tunku Abdul Rahman proclamó la independencia de Malasia levantando el puño y gritando “Merdeka”. Cuando te cuentan esto y lo miras de nuevo, el edificio cobra otro sentido.
Seguimos caminando hacia la parte más histórica de la ciudad, adentrándonos en Chinatown. Durante el recorrido, el guía nos explicó algo que se repetiría una y otra vez: la convivencia real entre culturas y religiones en Kuala Lumpur, hasta el punto de compartir festivos nacionales. La primera parada fue el Sri Maha Mariamman Temple, un templo hindú en pleno barrio chino. Estaban preparando una ceremonia, así que el acceso fue limitado, pero aun así impresionaba. Lo curioso es que, a escasos metros y en la acera de enfrente, aparecía un templo budista, conviviendo con total naturalidad.
El paseo continuó hasta Pasar Seni, el antiguo mercado local de la ciudad, hoy reconvertido en zona de souvenirs, comida y artesanía. El ambiente era muy agradable: puestos de comida, cafeterías, música en directo y una sensación bastante acogedora, lejos del caos que esperábamos.




Desde allí llegamos al puente del River of Life, una zona recuperada donde confluyen los ríos de la ciudad y desde donde se puede ver la mezquita más antigua de Kuala Lumpur. De día el río se veía algo sucio, pero nos explicaron que por la noche se ilumina y se llena de efectos de luz y vapor, transformando por completo el lugar.
La visita terminó en Dataran Merdeka, una plaza enorme rodeada de edificios oficiales y cargada de simbolismo. Entre ellos destacan el edificio del Sultán Abdul Samad, el exclusivo Kelab Diraja Selangor o el mástil de bandera, uno de los más altos del país. Tras el tour, dimos una vuelta por los alrededores y acabamos tomando una cerveza en un puesto de comida que nos gustó tanto que repetimos varios días. Tenía un único inconveniente… el baño. Pero esa historia se queda para conversaciones más íntimas.


Al día siguiente madrugamos de nuevo para volver al centro, esta vez por nuestra cuenta. La primera parada fue la Masjid Negara, la Mezquita Nacional de Malasia. Llegamos en Grab —cómo no— y fue una auténtica pasada: dimensiones enormes, detalles cuidados y una sensación de paz difícil de describir. Íbamos con muchas expectativas por la de Singapur, pero esta, sencillamente, nos pareció espectacular.
Después regresamos a la zona de Merdeka para recorrerla con más calma, visitando edificios como la Biblioteca de Kuala Lumpur o antiguas oficinas coloniales. Volvimos al mercado, a los templos y nos perdimos sin prisa por las calles de Chinatown, incluida Petaling Street, famosa por albergar el mayor mercado de falsificaciones del país.


Para comer, repetimos en nuestro puesto de confianza y, ya con la barriga llena, pusimos rumbo a Berjaya Times Square. No somos muy de centros comerciales, pero este tiene algo que no nos acabamos de creer del todo: ¡una montaña rusa en su interior!… y eso cambia las reglas del juego. El camino fue largo y hasta nos cayó algo de lluvia, pero pasar por debajo del Merdeka 118 volvió a recordarnos lo descomunal que es esta ciudad. El centro comercial, por dentro, es una locura: diez plantas, todo a lo grande y un parque de atracciones que parece sacado de un universo paralelo. Para volver, Grab y descanso merecido.


Los días siguientes bajamos el ritmo. Una noche para ver las Torres Petronas, otro día entero de trabajo y un atardecer en la infinity pool del hotel. El último día, visita a las Batu Caves y a cerrar mochilas. Todo eso lo contamos con detalle en el post “Kuala Lumpur: sus iconos”, porque Kuala Lumpur, definitivamente, tiene más de una cara… y merece tiempo para descubrirlas.



El punto final en esta ciudad
A la mañana siguiente, un Grab nos recogía para llevarnos al aeropuerto y poner rumbo a nuestro siguiente destino. Tal y como comentábamos al principio, el aeropuerto de Kuala Lumpur funciona como uno de los grandes hubs de AirAsia, y eso implica jugar con sus reglas.
Aunque el vuelo era corto, decidimos facturar las mochilas grandes para viajar con algo más de tranquilidad. Las pequeñas, eso sí, iban rozando peligrosamente los límites de peso. Viajar ligero tiene sus ventajas… hasta que no.
Entre la facturación, el coste añadido y un retraso de casi tres horas, el tiempo en el aeropuerto se nos alargó bastante más de lo esperado. Pero como el viaje también va de saber esperar, acabamos matando las horas jugando a las cartas, observando el ir y venir constante de viajeros y asimilando, poco a poco, todo lo que Kuala Lumpur nos había ofrecido.
Con eso —y con un bizcocho— cerrábamos esta etapa del viaje y poníamos rumbo al siguiente destino, con la sensación de haber conocido solo una parte de la ciudad… pero la suficiente como para querer entenderla mejor.
Reflexión sobre Kuala Lumpur
Kuala Lumpur es, exactamente, esa ciudad de contrastes que uno imagina cuando piensa en el Sudeste Asiático. Templos hindúes incrustados entre restaurantes chinos, templos budistas a pocos metros, mercados de falsificaciones conviviendo con mercados locales reconvertidos en escaparates de souvenirs. Plazas que simbolizan la independencia del país junto a clubes heredados de la high class británica. Todo mezclado, todo funcionando.
No es una ciudad perfecta, ni pretende serlo. Pero ofrece un abanico de ocio difícil de igualar: desde mercados callejeros hasta centros comerciales con montañas rusas en su interior; desde templos centenarios hasta rascacielos que hoy figuran entre los más altos del mundo. Kuala Lumpur vive permanentemente entre el pasado, el presente y el futuro… sin pedir permiso.
Aun así, y siendo honestos, no nos pareció la ciudad más barata del Sudeste Asiático ni tampoco la más sencilla para una primera toma de contacto con la región. Su multiculturalidad es fascinante y te obliga a mirar el mundo desde otra perspectiva, pero puede llegar a abrumar si nunca has estado por esta parte del planeta. Eso sí, sus puestos callejeros siguen siendo ese refugio donde sentarte, comer y observar la vida local, incluso rodeado de rascacielos.
Nuestra sensación final fue clara: Kuala Lumpur recuerda en algunos aspectos a Singapur, pero conservando la esencia del Sudeste Asiático. Salvando las distancias, claro.
¡Nuestra recomendación!
Kuala Lumpur no es una ciudad de paso para una escala rápida. Es una ciudad que merece una parada consciente. No necesitas cinco días; con dos o tres puedes ver lo imprescindible y entender su esencia. No destaca por tener una historia milenaria, pero sí por la enorme influencia de las culturas migrantes que aquí se asentaron y que hoy definen su identidad.
Si estás organizando un viaje por el Sudeste Asiático y ves una escala en Kuala Lumpur, no la desaproveches. Quédate, baja el ritmo y dedica al menos un par de días a conocerla. Porque Kuala Lumpur no se entiende desde el aeropuerto… se entiende caminándola.
Kuala Lumpur no se queda en la retina al primer vistazo; se queda cuando entiendes su mezcla, aceptas su caos y te permites mirarla sin prisas.
¿Qué hacer en Kuala Lumpur?
Imprescindibles
- Torres Petronas: los que fueron los rascacielos más altos del mundo, siguen siendo el icono más reconocible de Kuala Lumpur. Destacan por su diseño y por el puente que une ambas torres a media altura
- Batu Caves: complejo de cuevas y templos hindúes situado a las afueras de la ciudad, famoso por su enorme estatua dorada y su escalinata de colores. Es uno de los lugares religiosos más importantes de Malasia
- Masjid Negara: la Mezquita Nacional de Malasia es uno de los principales templos islámicos del país. Destaca por su arquitectura moderna y sus enormes dimensiones
- Dataran Merdeka: plaza histórica donde se proclamó la independencia de Malasia en 1957. Está rodeada de edificios coloniales y oficiales de gran valor arquitectónico
- River of Life: proyecto de renovación urbana que recupera la confluencia de los ríos de la ciudad. De noche se ilumina y se convierte en una zona muy frecuentada
- Pasar Seni: antiguo mercado central reconvertido en espacio cultural y comercial. Hoy alberga tiendas de souvenirs, artesanía y puestos de comida local
- Guan Di Temple Chinatown: templo taoísta situado en el barrio chino, dedicado al dios de la guerra Guan Di. Es un buen ejemplo de la diversidad religiosa de la ciudad
- Sri Maha Mariamman Temple: el templo hindú más antiguo de Kuala Lumpur, ubicado en pleno Chinatown. Destaca por su colorida fachada y su importancia cultural y religiosa
- Chinatown Kuala Lumpur: uno de los barrios más animados de la ciudad, conocido por su mezcla cultural, templos, mercados y comida callejera. Es una zona ideal para pasear y observar la vida local
- Petaling Street Market: calle comercial famosa por sus puestos de ropa, souvenirs y falsificaciones. Es el corazón del Chinatown y uno de los mercados más conocidos de la ciudad
Si tienes más tiempo
- Kelab Diraja Selangor: club deportivo privado fundado en la época colonial británica. Es uno de los edificios más emblemáticos que rodean la plaza Merdeka
- Kafei Dian: edificio histórico que albergó antiguamente la oficina postal de la ciudad. Hoy es un punto de referencia dentro del área patrimonial de Kuala Lumpur
- Merdeka 118: con 678 metros, es el segundo edificio más alto del mundo. Su diseño simboliza la independencia de Malasia y marca el skyline de la ciudad
- Berjaya Times Square: uno de los centros comerciales más grandes de Malasia. Destaca por albergar un parque de atracciones con montaña rusa en su interior
- Menara Kuala Lumpur: torre de telecomunicaciones con mirador panorámico sobre la ciudad. Ofrece una de las mejores vistas del skyline de Kuala Lumpur










