Kuala Lumpur, los 3 iconos de la capital malaya

¿Qué esperábamos de los iconos más representativos de Kuala Lumpur?

Cuando empezamos a investigar qué ver en Kuala Lumpur y a decidir cuántos días dedicarle a la ciudad, hubo tres cosas que tuvimos claras desde el principio: ver las Torres Petronas, visitar las Batu Caves y disfrutar de un atardecer desde una infinity pool con vistas al skyline.

De hecho, como ya contamos en el post Kuala Lumpur, el centro de la ciudad, el hotel lo elegimos en gran parte por eso. Una piscina infinita en la planta 48, con vistas directas a la ciudad. Y aunque la ubicación tenía sus inconvenientes, especialmente la distancia al centro, la experiencia de la infinity pool cumplió con creces.

Visitando las Torres Petronas

Después de un día de trabajo pasado por agua en Kuala Lumpur, y antes de que cayera la noche, decidimos que era el momento de ir a ver las Torres Petronas. Así que, fieles a la dinámica de la ciudad, pedimos un Grab que nos dejó prácticamente en la puerta.

Nada más bajar, apareció el primer clásico del lugar: una multitud de «pseudo fotógrafos» ofreciendo hacerse cargo del recuerdo. Lo de “pseudo” no va por la calidad artística, sino por el equipo: la mayoría armados con iPhone Pro y un foco acoplado para compensar las luces blancas de las torres. Alguno, eso sí, llevaba cámara y complementos más serios.

Tras un rato intentando sacar alguna foto por nuestra cuenta, pensamos que no sería mala idea invertir unos ringgits en un recuerdo bonito. Spoiler: primero nos timaron un poco y, después, el resultado no fue exactamente el soñado. Anécdotas de viaje que se quedan para la mochila.

Más allá del episodio fotográfico, el conjunto impresiona. El espacio es enorme y las torres, con su tamaño y su iluminación blanca tan potente, te hacen sentir pequeño de inmediato. Es un espectáculo visual que funciona tanto de día como de noche, pero que al caer el sol gana muchos enteros.

Paseando entre las torres acabamos entrando en el centro comercial Suria KLCC. Las tiendas no eran precisamente económicas, así que seguimos caminando hasta salir al KLCC Park. El parque resultó ser un gran acierto: tranquilo, agradable y con una vista trasera de las torres que, como ya nos había advertido el conductor del Grab, no tenía nada que envidiar a la principal.

Nuestra visita coincidió con el Symphony Lake Water Show, un espectáculo de luces y agua en uno de los lagos del parque. Bonito, aunque después de haber visto los de Singapur, se nos quedó algo corto.

Cerramos la visita igual que la empezamos: otro Grab y de vuelta al hotel, con la sensación de haber tachado uno de los grandes iconos de la ciudad… y de haber confirmado que Kuala Lumpur juega en otra liga cuando se trata de rascacielos.

Visitando las Batu Caves

Uno de los días que teníamos en Kuala Lumpur lo reservamos exclusivamente para visitar las Batu Caves, uno de los templos hinduistas más importantes del país y una imagen tan icónica de la ciudad como las Torres Petronas. Al menos, así lo sentíamos nosotros.

Desde nuestro hotel, las opciones para llegar eran básicamente dos: transporte público o Grab. Las Batu Caves cuentan con parada de tren propia y varias líneas de autobús, por lo que es perfectamente posible llegar sin problemas. En nuestro caso, y teniendo en cuenta la ubicación del hotel, la balanza se inclinó rápido: Grab suponía unos 30 minutos y unos 5 euros entre los dos; el transporte público, alrededor de una hora y apenas un euro menos. Cuestión de tiempo, más que de dinero.

Queríamos llegar temprano para evitar aglomeraciones y, al menos durante la primera hora, lo conseguimos. Aun así, bastó poco tiempo para que el recinto empezara a llenarse de gente.

Dentro del complejo, diferentes espacios se reparten el protagonismo, cada uno con su significado religioso y su deidad correspondiente. No todo nos convenció. Algunas atracciones de pago incluían animales enjaulados y otras zonas, como alguna de las cuevas, estaban cerradas por mantenimiento, lo que rompía un poco la experiencia.

Aquí los auténticos dueños del lugar son los monos; las personas somos simples visitantes. Hasta ahí, todo asumible. Lo que nos resultó más incómodo fue la enorme cantidad de palomas, alimentadas tanto por locales como por turistas. Plazas llenas de palomas, gente rodeada por ellas y, de fondo, monos cruzando de un lado a otro. Un caos bastante peculiar.

Dejando a un lado esa parte más “delicada”, comenzamos la subida de los famosos 272 escalones que llevan hasta las cuevas. Las escaleras son preciosas, llenas de color, y aunque la subida no es tan sencilla como parece, el entorno, los colores y la actividad constante hacen que se convierta en toda una experiencia.

En el interior de la cueva principal encontramos un templo imponente, aunque después de haber visitado otros como el de Nusa Penida, se nos quedó un poco más flojo de lo esperado. Aun así, vivimos una escena bastante curiosa: un mono robándole las ofrendas de comida a una devota justo antes de entregarlas. Una imagen tan surrealista como simpática.

Tras la visita, bajamos de nuevo y dimos un último paseo por el recinto, esta vez con más calma, entre monos, palomas y turistas. No faltó la foto de rigor frente a las escaleras de colores y la enorme estatua dorada del Señor Murugan, vigilándolo todo desde lo alto.

Después de unas tres horas en las Batu Caves, dimos la visita por terminada y regresamos al hotel… cómo no, en Grab. Porque en Kuala Lumpur, al final, todo acaba volviendo a Grab.

Chapuzón en una infinity pool con vistas al skyline

Después de un día largo recorriendo el casco más antiguo de Kuala Lumpur —como os contamos en el otro post— decidimos que era el momento de vivir uno de esos iconos tan repetidos en redes: el atardecer desde una infinity pool. Y sí, hablamos de la del propio hotel. Lo elegimos en gran parte por eso, porque queríamos comprobar por nosotros mismos si esa imagen tan vendida era tan idílica como parecía.

La sorpresa llegó al comprar los tickets. Para acceder a la piscina había que pagar igualmente, estuviéramos alojados o no. Unos 10 € por persona por usar un servicio del hotel que ya habíamos pagado previamente. Esto nos hizo replantearnos muchos de los vídeos y artículos que habíamos visto sobre “el lujo barato” de Kuala Lumpur. No diremos que fue un timo… pero la sensación se le parecía bastante.

Aun así, subimos al piso 47 con la idea clara de disfrutarlo. Y, todo hay que decirlo, lo hicimos. La infinity pool estaba casi vacía —solo otra pareja más—, lo que le dio un punto de exclusividad inesperado. El día no acompañaba del todo: cielo nublado y agua bastante fría. Pero las vistas compensaban.

Después de un día largo recorriendo el casco más antiguo de Kuala Lumpur —como os contamos en el otro post— decidimos que era el momento de vivir uno de esos iconos tan repetidos en redes: el atardecer desde una infinity pool. Y sí, hablamos de la del propio hotel. Lo elegimos en gran parte por eso, porque queríamos comprobar por nosotros mismos si esa imagen tan vendida era tan idílica como parecía.

La sorpresa llegó al comprar los tickets. Para acceder a la piscina había que pagar igualmente, estuviéramos alojados o no. Unos 10 € por persona por usar un servicio del hotel que ya habíamos pagado previamente. Esto nos hizo replantearnos muchos de los vídeos y artículos que habíamos visto sobre “el lujo barato” de Kuala Lumpur. No diremos que fue un timo… pero la sensación se le parecía bastante.

Aun así, subimos al piso 47 con la idea clara de disfrutarlo. Y, todo hay que decirlo, lo hicimos. La infinity pool estaba casi vacía —solo otra pareja más—, lo que le dio un punto de exclusividad inesperado. El día no acompañaba del todo: cielo nublado y agua bastante fría. Pero las vistas compensaban.

Reflexión sobre los iconos más famosos de Kuala Lumpur

Si hay algo que tenemos claro es que, probablemente, no habríamos visitado Kuala Lumpur si no fuera por estos tres iconos. Son, en gran parte, los responsables de que la ciudad esté en el radar de muchos viajeros… y no es casualidad.

Las Torres Petronas nos dejaron muy claro por qué siguen siendo el gran símbolo de la ciudad. Da igual que hoy exista un rascacielos más alto: ver estas torres gemelas de cerca y de lejos, de día o de noche, sigue siendo un espectáculo de ingeniería y diseño que impone respeto.

Las Batu Caves son un lugar impactante por sus colores, su simbolismo y su entorno. Un templo impresionante, aunque no exento de matices. Si no eres especialmente fan de los monos o de las palomas, la experiencia puede resultar algo incómoda en ciertos momentos.

Y las infinity pools son una experiencia que repetiríamos sin dudarlo. El skyline de Kuala Lumpur es reconocible y muy bonito, especialmente al atardecer, cuando la ciudad empieza a iluminarse. Eso sí, el viaje también deja aprendizaje: no es necesario alojarse en un hotel con piscina infinita, ya que, te quedes o no en él, lo más habitual es pagar entrada igualmente.

¡Nuestra recomendación!

Si visitas Kuala Lumpur y no pasas por estos tres iconos, es casi como si no hubieras estado. Son imprescindibles. Nuestro consejo es claro: visita las Torres Petronas antes de que se enciendan para disfrutar del cambio de luz desde la base hasta lo más alto; acércate a las Batu Caves a primera hora para evitar aglomeraciones, teniendo en cuenta que los monos y las palomas son los verdaderos dueños del lugar y que conviene extremar la precaución; y no te pierdas la experiencia de una infinity pool al atardecer, cuando la ciudad se llena de luces.

Kuala Lumpur se entiende desde sus iconos… pero también desde todo lo que los rodea.

¿De qué iconos hablamos?

Imprescindibles

  • Torres Petronas: los que fueron los rascacielos más altos del mundo, siguen siendo el icono más reconocible de Kuala Lumpur. Destacan por su diseño y por el puente que une ambas torres a media altura
  • Batu Caves: complejo de cuevas y templos hindúes situado a las afueras de la ciudad, famoso por su enorme estatua dorada y su escalinata de colores. Es uno de los lugares religiosos más importantes de Malasia
  • Infinity pool: este estilo de piscina, ubicado normalmente en la azotea o plantas superiores de los hoteles, te permitirá ver la ciudad de una manera diferente, mientras te refrescas y disfrutas de tu bebida favorita. La gran mayoría de hoteles modernos de la ciudad disponen de una, por lo que no será complicado que el tuyo la tenga, aún así, algunos hoteles permiten acceder a sus piscinas sin ser huéspedes. ¡Aviso! Tanto para huéspedes como no, estas piscinas suelen cobrar un suplemento para acceder a las mismas.

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