¿Qué esperábamos de Singapur?
Singapur era una parada obligatoria en nuestra ruta por el Sudeste Asiático. Desde el primer momento que empezamos a planear este viaje, teníamos claro que no podíamos dejar escapar la oportunidad de visitar una ciudad tan avanzada, diferente y única como esta. No solo eso, también sabíamos que era un país que visitábamos de esta forma o no iríamos nunca.
Además de las ganas de conocerla, había otro factor importante: es uno de los destinos más económicos para entrar al Sudeste Asiático si lo comparamos con otras rutas aéreas. Así que nos hicimos la gran pregunta: ¿lo incluimos como una simple escala larga o nos quedamos varios días para descubrirlo como se merece?
La respuesta fue clara: aunque sabíamos que es uno de los países más caros de la zona, decidimos quedarnos al menos tres noches para poder explorarlo a fondo y vivir la experiencia sin prisas.
La llegada
Llegar a Singapur es muy fácil: lo más probable es que lo hagas en avión. Salvo que vengas desde Malasia y decidas cruzar en autobús (la única opción realista por tierra), el resto de las alternativas (como barco desde alguna isla indonesia) nos parecen, sinceramente, ¡una locura!
En nuestro caso, llegamos a Singapur en dos ocasiones. La primera fue simplemente una escala de unas 4 horas en nuestro trayecto desde España hasta Filipinas, que era nuestro primer destino en esta segunda etapa por el Sudeste Asiático. El aeropuerto de Singapur está increíblemente bien conectado, así que no tendrás problema para moverte entre terminales o pasar los controles.
Eso sí, ten en cuenta que este aeropuerto es gigantesco. Aunque todo está bien señalizado y es muy eficiente, las distancias son largas y se tarda en recorrerlo. Así que, no te la juegues con escalas demasiado cortas y ¡ve con tiempo!



La segunda vez ya era la definitiva: pasaríamos los cinco días que habíamos planificado para explorar la ciudad. Salir del aeropuerto fue igual de sencillo. Como ya llevábamos todo el visado tramitado desde antes, el proceso fue rapidísimo. Unas máquinas te escanean el pasaporte, te hacen una foto y, si todo está en orden… ¡Bienvenidos a Singapur!
Primeras impresiones
Nada más pasar los controles de inmigración, y como no teníamos equipaje para recoger, salimos directos a conocer eso que todo el mundo nos había recomendado o habíamos leído mil veces: el propio aeropuerto de Singapur. Teníamos pocos días en la ciudad y ningún minuto que perder; así que como era temprano y aún no podíamos hacer check-in en el hotel, decidimos dedicar ese rato a explorar el aeropuerto, que por sí solo ya es una atracción turística.
Antes de lanzarnos a descubrir sus famosos jardines, parques interiores o el icónico Vortex, queríamos dejar las mochilas, sobre todo las grandes, en alguna consigna. De camino, ya pudimos ver de lejos la impresionante cascada central del aeropuerto, pero tratamos de no entretenernos demasiado: misión consigna, ¡a por ella!
Y ahí vino la primera sorpresa… ¡acabamos no dejando las mochilas! Durante la planificación, habíamos leído que las consignas eran muy baratas; pero cuando llegamos a una de ellas, nos pidieron más de 40 euros por hora por dejar dos mochilas de unos 10 kilos cada una. Quizás no dimos con las más económicas o nos perdimos entre la inmensidad del aeropuerto, pero desde luego ese precio no lo íbamos a pagar.
Así que, mochilas al hombro, nos fuimos en busca de un café para empezar a recorrer los spots más fotografiados del aeropuerto. Y llegó el segundo infarto del día: dos cafés, 25 dólares singapurenses; ¡casi le da algo a Ali al pagar! Pero ya con nuestros cafés de 7 euros cada uno, nos fuimos caminando unos 5 minutos hasta llegar al famosísimo Vortex.


Allí nos sentamos un buen rato, observando la cascada desde abajo, con el tren atravesando justo por encima de nuestras cabezas y rodeados de esa atmósfera tan futurista. Decidimos si seguir explorando el resto de las atracciones, pero con los sustos que llevábamos en el cuerpo por los precios, y sabiendo que aún teníamos varios días por delante, tomamos una decisión sabia: irnos al hotel.
Llegar al hotel fue, por suerte, muy sencillo. Después de venir de otros países del Sudeste Asiático, con infraestructuras menos desarrolladas, encontrar un metro limpio, moderno y eficiente que nos llevase directamente hasta nuestra parada fue todo un lujo. El trayecto en metro nos recordó, sin quererlo, a nuestra época en Madrid, y en menos de 30 minutos ya estábamos bajando en la estación más cercana… por un precio ridículo en comparación con lo que costaba la consigna o el café.
Nuestro alojamiento estaba en uno de los barrios más conocidos de Singapur, aunque no en el más caro; nos alojábamos en Little India. Aún no era la hora del check-in, así que aprovechamos para dar un paseo por la zona.
Una curiosidad del hotel: no había nadie en la recepción. Lo que había era… ¡una tablet! Te presentabas, te conectabas por videollamada con alguien (como si fuera un Teams), y al lado tenías las tarjetas de acceso junto a un lector que activaba la tuya con la habitación que te asignaban en directo. Raro, pero muy moderno.
Recorriendo Singapur
Después de un viaje largo y varias horas en el aeropuerto explorando el famoso Vortex, llegamos al hotel completamente agotados. Aun así, una buena ducha nos devolvió algo de energía y nos preparamos para salir a descubrir qué nos tenía preparado esta ciudad futurista.
Ya desde el primer paseo empezamos a ver detalles que nos sorprendían: un edificio con coches de distintas épocas distribuidos por plantas como si fuese un museo vertical o una máquina de café tipo vending que enamoró a Pablo. Pequeñas cosas que nos hacían ver que aquí todo era distinto.
Sin haber caminado demasiado, ya empezábamos a notar la magnitud de la ciudad. De alguna forma, nos recordaba a Bangkok por sus enormes avenidas y rascacielos. En medio de ese paseo urbano, de repente… ¡nos topamos con las estructuras de la Fórmula 1! No somos especialmente fans, pero ver el circuito montado justo ahí, en mitad de la ciudad, nos impactó muchísimo.


Y así, casi sin querer, llegamos a uno de los puntos más icónicos de Singapur: la parada de metro “Esplanade”, desde donde se accede a Marina Bay y al famoso Merlion. Pero no os lo contamos todo aquí… esta zona la exploramos a fondo y os la detallamos con mimo en el post «Singapur, luces y lujo en la ciudad del futuro», dedicado al lado más futurista de Singapur.
Al día siguiente, decidimos centrarnos en el lado más cultural de la ciudad. Visitamos sus tres barrios principales: el barrio chino, Little India y el barrio árabe. Un recorrido que nos ayudó a entender cómo se ha construido esta ciudad y cómo conviven culturas tan diversas. Todo ese recorrido os lo contamos en detalle en el post de «Singapur, un país multicultural por naturaleza».







Terminamos ese día sentados en una terraza junto al río en Boat Quay. Con una cerveza bien fría (y más o menos barata, ¡viva el Happy Hour!) disfrutábamos de las vistas cuando, de repente… ¡empezó un espectáculo de fuegos artificiales! Detrás, Marina Bay iluminado, y delante, nosotros alucinando. Luego supimos que era un ensayo para el Día Nacional de Singapur. Spoiler: aún quedaban ¡dos meses! para esa celebración.
Al día siguiente regresamos a la zona más moderna, esta vez para visitar Gardens by the Bay, pero eso también os lo contamos en el post específico dedicado a la Singapur más futurista.


Nuestro último día lo reservamos para descubrir algunos rincones menos conocidos. Eso sí, primero tuvimos que hacer una gestión práctica: ir a una tienda de buceo que estaba bastante alejada del centro. Esto nos ocupó casi toda la mañana, pero al regresar, no quisimos perder ni un minuto más.

Paseando por la ciudad descubrimos edificios históricos como el Parlamento de Singapur, las Former Attorney-General’s Chambers y The Arts House at The Old Parliament. También vimos cómo se estaban preparando para el Día Nacional en una explanada gigante: gradas, pantallas, un escenario enorme y hasta militares ensayando el desfile… ¡y aún quedaban dos meses!
Antes de terminar el día, decidimos visitar Fort Canning Park. Por el camino, cómo no, Pablo se paró a coger su café favorito en su vending preferido. Al llegar al parque, nos sorprendió lo animado que estaba. Muchísima gente haciendo picnic sobre plásticos en el suelo (algo que aún no entendemos del todo), y dentro del parque pudimos ver una exposición sobre la historia de Singapur.
Y cuando creíamos que ya habíamos visto todo… saliendo del parque nos encontramos con uno de los edificios más instagrameables de toda la ciudad: la antigua comisaría de policía, con sus ventanas multicolor. Paseando sin rumbo, descubrimos también el barrio de Clarke Quay, donde nos despedimos de la ciudad con su ambiente nocturno, luces de neón y un paseo tranquilo junto al río.






El punto final en esta ciudad
Como todo en esta vida, se acababan nuestros días en Singapur y teníamos que prepararnos para nuestro siguiente destino. ¿Salir de Singapur? ¡Avión, por supuesto!
Solo había un pequeño inconveniente: nuestro vuelo salía bastante temprano, sobre las 7 de la mañana. Y claro, queríamos llegar con tiempo suficiente para estar tranquilos… pero el metro, a esas horas, no era una opción viable. Así que, muy a nuestro pesar, tuvimos que pedir un Grab para llegar al aeropuerto. El trayecto fue súper rápido, eso sí. ¿El precio? Pues como todo por aquí… ¡bastante alto!
Reflexión sobre Singapur
Singapur es una ciudad que no deja indiferente a nadie. Y, por supuesto, con nosotros no iba a ser menos. Veníamos de un país en el que las infraestructuras no eran las mejores, y llegar aquí fue como viajar al futuro.
Durante toda nuestra estancia en Singapur, hubo dos ideas que se repetían constantemente en nuestras conversaciones. La primera, que es una ciudad muy tranquila, donde puedes hacer prácticamente cualquier cosa (menos ir a la playa). Y la segunda, muy relacionada con la anterior: puedes hacer lo que quieras… siempre que tengas dinero.
Con estas dos ideas claras, ¡estás preparado para visitar Singapur! Pasear entre sus monumentos, alucinar con sus edificios, descubrir la maravilla arquitectónica de una ciudad construida a base de modernidad… eso es gratis. Pero el precio sube cuando quieres vivir experiencias más completas: subir al Marina Bay, entrar a sus parques, o incluso comer fuera. ¡Y ya ni hablemos de tomarte una cerveza!
Singapur nos dejó con sentimientos encontrados. Por un lado, el asombro de ver cómo, en una ciudad tan vanguardista, sobreviven barrios que reflejan de forma tan auténtica las culturas que representan. Por otro, la curiosidad; o mejor dicho, la incertidumbre de saber cómo, o a costa de qué, se ha dado esta explosión tan avanzada en una ciudad-estado como esta. Y además… nos dejó alucinados con algunas de sus normas tan curiosas (¡hay para hacer un post solo con eso!).
¡Nuestra recomendación!
Singapur es, sin duda, una parada obligatoria al menos una vez en la vida. Tú decides, en función del presupuesto que tengas, cuánto tiempo y hasta dónde quieres vivir una experiencia inmersiva en esta ciudad. No necesitas muchos días para ver lo básico; incluso desde el aeropuerto, si tienes una escala de más de 6 horas, puedes hacer un tour gratuito para conocer lo principal.
Pero si realmente quieres entender cómo se ha gestado este país y cómo ha crecido gracias a la diversidad cultural de quienes lo habitan, nuestra recomendación es que pases al menos 3 días. Será tiempo suficiente para ver lo más importante, descubrir rincones que no aparecen en todas las guías y darte cuenta del nivel de vida que se respira en cada esquina de esta impresionante ciudad.
Singapur nos recordó que el futuro ya está aquí… ¡solo que no es igual para todos!
¿Qué hacer en Singapur?
Imprescindibles
- Marina Bay: el edificio más famoso de la ciudad-estado, ubicado en el corazón moderno de Singapur. Forma parte deun skyline que brilla durante la noche y de la atmósfera futurista que hace imposible no quedarse mirando
- Merlion Park: otro de los iconos de Singapur. La famosa estatua del león con cuerpo de pez vigila la bahía mientras miles de visitantes se acercan para inmortalizar la postal más conocida del país
- Gardens By The Bay: un jardín que parece salido de otro planeta. Entre árboles metálicos gigantes y cúpulas llenas de vida, la naturaleza y la tecnología se dan la mano en una experiencia única
- Little India: un estallido de color, aromas y sonidos que te transporta directamente al subcontinente indio. Calles caóticas, templos vibrantes y una energía que solo puede describirse viviéndola
- Chinatown: tradición y modernidad en un mismo barrio. Entre templos antiguos, farolillos rojos y tiendas de recuerdos, se esconde una de las zonas con más historia de Singapur
- Kampong Glam: el barrio árabe de Singapur mezcla murales, mezquitas doradas y cafés con estilo. Un rincón bohemio donde el arte urbano y la herencia musulmana conviven en perfecta armonía
Si tienes más tiempo
- Fort Canning Park: un gran pulmón verde en pleno centro de la ciudad, con historia en cada rincón. Este parque fue un antiguo asentamiento real y fortaleza británica y hoy es el lugar perfecto para desconectar entre árboles centenarios, escaleras icónicas y unas bonitas vistas de la ciudad
- Clarke Quay: la zona más animada a orillas del río Singapur. De día, sus coloridas fachadas coloniales reflejan la historia de la ciudad; de noche, se transforma en uno de los mejores lugares para cenar o tomar algo con vistas al agua y al skyline iluminado
- Singapore Flyer: una de las norias panorámicas más altas del mundo. Subir a ella es ver Singapur desde otra perspectiva: Marina Bay, el puerto y hasta las islas vecinas se despliegan bajo tus pies mientras el horizonte parece no tener fin
- Lau Pa Sat: un imprescindible para los amantes de la comida local. Este histórico mercado de hierro fundido, con más de un siglo de vida, reúne algunos de los mejores hawker stalls de la ciudad: satays, noodles, mariscos y ese ambiente callejero que nunca pasa de moda
- Boat Quay: otra de las joyas del río Singapur. Sus antiguas casas de comerciantes, hoy reconvertidas en bares y restaurantes, conservan el encanto colonial y ofrecen un paseo ideal al atardecer, cuando las luces de los rascacielos comienzan a reflejarse en el agua
- Comisaría de policía de Old Hill Street: un edificio histórico imposible de pasar por alto. Su fachada con más de 900 ventanas de colores es uno de los iconos fotográficos de la ciudad y un recordatorio del pasado colonial convertido en símbolo de creatividad
- Armenian Quarter: un pequeño pero encantador rincón lleno de historia. Aquí se encuentra la iglesia armenia más antigua del Sudeste Asiático, rodeada de calles tranquilas, arte urbano y cafés escondidos que muestran el lado más sereno de Singapur










