Singapur es uno de esos lugares que te descolocan desde el primer día. Todo funciona, todo está limpio, todo es eficiente… y de repente descubres que no puedes mascar chicle, que fumar está hipercontrolado o que estar desnudo en tu propia casa puede ser ilegal.
No son mitos viajeros ni exageraciones. Son leyes reales de Singapur. Y aunque desde fuera parezcan surrealistas, casi todas tienen una explicación muy concreta.
Algo importante: en Singapur las multas son altas y se aplican. No suele haber avisos previos ni “perdón por ser turista”. La filosofía es clara: si la norma existe, se cumple.
Eso genera una sociedad muy ordenada, pero también sorprende a quien llega de países menos estrictos. Te dejamos las leyes que a nosotros más nos sorprendieron:

Prohibido mascar chicle (sí, de verdad)
La ley más famosa de Singapur es también la más comentada. Desde los años 90 está prohibida la venta e importación de chicle, salvo excepciones médicas muy concretas.
¿El motivo? El chicle acababa pegado en el suelo, en el transporte público y, especialmente, en las puertas del metro, causando averías constantes. El gobierno decidió atajar el problema de raíz.
Hoy en día, si llevas chicle encima no pasa nada, pero mascarlo en público puede costarte una multa. Y no pequeña.
Fumar… pero solo donde te dicen
En Singapur se puede fumar, pero casi mejor que no lo hagas en este país.
Está prohibido hacerlo en: soportales, paradas de bus, zonas comunes de edificios, restaurantes, bares cerrados y muchos espacios al aire libre. Solo se permite en zonas muy delimitadas y señalizadas. Salirte de ahí puede suponer una multa inmediata. El objetivo es claro: salud pública y cero humos involuntarios.
Desnudo en casa… también puede ser ilegal
Esta suele dejar a los viajeros con cara de incredulidad.
En Singapur, estar desnudo en tu casa es ilegal si puedes ser visto desde el exterior. Da igual que estés en tu salón. Si alguien puede verte desde otra vivienda o desde la calle, se considera exhibicionismo.
La ley busca proteger la “decencia pública”, un concepto que aquí se toma muy en serio.
Olvídate de comer o beber en el transporte público
Otra clásica. Está prohibido comer o beber en el metro y en muchos autobuses. No importa si es agua. La multa puede ser considerable.
El resultado es evidente: transporte limpio, sin olores, sin restos y sin discusiones. Funciona tan bien que, al cabo de unos días, te parece normal.
No tirar de la cadena… también es sancionable
En baños públicos (y algunos privados), no tirar de la cadena puede acarrear multa.
Lo mismo ocurre con ensuciar zonas comunes o no mantener unas mínimas normas de higiene.
Puede sonar exagerado, pero explica por qué Singapur es una de las ciudades más limpias del mundo.
Alimentar palomas (y otros animales)
Dar de comer a palomas u otros animales urbanos está prohibido. El motivo es evitar plagas, suciedad y desequilibrios en el ecosistema urbano. Aquí no hay espacio para el “solo un poco”.

Entonces… ¿por qué tantas leyes?
Singapur es una ciudad-estado muy pequeña, con mucha población y recursos limitados. El control estricto es parte de su modelo para garantizar: convivencia, limpieza, seguridad y eficiencia. No se trata tanto de castigar como de prevenir. Y, visto desde fuera, el sistema funciona.
Al principio estas leyes chocan mucho v luego empiezas a entenderlas. Y al final, algunas incluso las agradeces. Singapur no es un lugar donde improvisar sin pensar, pero sí uno donde todo fluye. Y esas normas “surrealistas” son, en realidad, las piezas que hacen que el engranaje funcione.
Viajar también sirve para eso: para entender que lo raro no siempre es absurdo… a veces solo es diferente.









