Chiang Mai, nuestra primera parada en el norte de Tailandia

¿Qué esperábamos de Chiang Mai?

Buscando información sobre qué ver en Tailandia, descubrimos que en el norte del país se escondían lugares muy distintos a lo que habíamos visto hasta ese momento. Zonas rodeadas de naturaleza, selva y un ritmo mucho más pausado, donde poder conectar de otra manera con el viaje y entender mejor la cultura local.

Siguiendo esa idea, dimos con Chiang Mai, una ciudad que, sobre el papel, parecía un pequeño pueblito amurallado con encanto. Un lugar tranquilo, diferente a Bangkok, pero con suficiente vida como para explorar sin parar.

Además, había algo que terminó de convencernos: la posibilidad de ver elefantes en centros de recuperación de forma ética. Una experiencia que teníamos muy en mente y que encajaba perfectamente con lo que buscábamos en esta parte del viaje.
Así que no lo dudamos demasiado. Chiang Mai se ganó su sitio en la ruta casi sin esfuerzo.

La llegada

En nuestro caso, con el itinerario bastante ajustado, optamos por la opción más rápida para llegar a Chiang Mai: un vuelo interno de unas dos horas y media desde Bangkok.

Moverse en avión dentro de Tailandia es fácil, rápido y bastante habitual. El único detalle a tener en cuenta en Bangkok es que muchos vuelos nacionales salen desde un aeropuerto distinto al internacional. Una vez resuelto eso, todo fue muy sencillo.

Aterrizamos en el pequeño aeropuerto de Chiang Mai y, desde allí, cogimos un autobús que nos llevó directamente al centro. Sin complicaciones. Llegar, dejar las cosas… y empezar a descubrir qué nos esperaba en el norte del país.

¿Por qué no fuimos a Ayutthaya?

Una de las excursiones más conocidas desde Bangkok es Ayutthaya, antigua capital del reino de Siam. Se trata de un complejo histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, lleno de templos y ruinas que, en algunos aspectos, pueden recordar a Angkor Wat en Camboya.

Ubicada aproximadamente a una hora en coche desde Bangkok, es una visita muy accesible. Se puede hacer en una excursión de un día o incluso enlazarla con otros destinos si se organiza bien el transporte.

En nuestro caso, llegamos a plantearnos seriamente hacer noche allí y continuar después hacia Chiang Mai en tren. Pero al analizar la logística completa, vimos que la alternativa implicaba trayectos bastante largos (especialmente en autobús, con más de 9 horas de viaje), así que decidimos descartarla y priorizar otras partes del itinerario.

Primeras impresiones

Nuestro vuelo salía temprano desde Bangkok, pero un retraso hizo que no llegáramos a Chiang Mai hasta casi mediodía. Dejamos las cosas en el hotel y, sin pensarlo demasiado, salimos a descubrir esa ciudad amurallada de la que tanto habíamos leído.

El primer contacto fue… curioso. Coincidió con los días en los que está prohibida la venta de alcohol en el país, algo que ya nos había pasado en Bangkok. Y eso, en una ciudad como Chiang Mai, se nota. Muchos mercados cerrados, locales a medio gas y un ambiente algo más apagado de lo que esperábamos.

Aun así, en cuanto empezamos a caminar, la sensación cambió. Templos por todas partes, monjes recorriendo las calles y un ritmo completamente distinto. Más pausado, más local, más auténtico. Una ciudad que, sin necesidad de grandes iconos, te hace sentir que estás en otro tipo de Tailandia.

Recorriendo Chiang Mai

Dimos un paseo tranquilo por el interior de la muralla, enlazando templos casi sin darnos cuenta. Más de 200 templos budistas concentrados en una misma ciudad no es algo que se vea todos los días. Pero más allá de eso, lo que realmente define Chiang Mai es su muralla, su foso y todo lo que rodea a ese núcleo histórico.

Nuestra estancia aquí fue breve. Llegábamos con una idea muy clara: dedicar el día siguiente a una experiencia muy concreta, la de ver elefantes en un centro de recuperación. Así que el primer día fue más de toma de contacto que otra cosa. Terminamos cenando en un restaurante italiano (sí, en pleno norte de Tailandia) donde, por cierto, comimos muy bien y, para nuestra sorpresa, pudimos tomar una cerveza.

A la mañana siguiente nos recogieron temprano en el hotel. Tras aproximadamente una hora de trayecto llegamos al lugar donde pasaríamos gran parte del día. Una experiencia que merece capítulo aparte y que contaremos más adelante.
De vuelta al hotel, tocaba ducha, quitarse el barro y salir a dar un último paseo. Esta vez, con la prohibición de alcohol ya levantada, la ciudad se sentía distinta: más viva, más animada. Acabamos cenando en un mercado local, disfrutando de la comida y del ambiente… y poniendo así el punto final a nuestra breve, pero intensa, etapa en Chiang Mai.

La experiencia con elefantes que no repetiríamos

Como os contamos, Chiang Mai entró en nuestro itinerario casi exclusivamente por la posibilidad de vivir una experiencia con elefantes. Desde España hicimos una investigación bastante seria para encontrar un centro que, en teoría, trabajara de forma ética.
El contexto es importante. Durante años, en Tailandia, los elefantes han sido utilizados para entretenimiento, carga o turismo. Los llamados centros de recuperación deberían enfocarse en rescatarlos, cuidarlos y, en el mejor de los casos, prepararlos para volver a su entorno natural. Sin espectáculos, sin cría controlada, sin dinámicas de zoológico.

Nuestra experiencia empezó temprano. Nos recogieron en el hotel y, tras una hora de curvas, llegamos al refugio. Café de bienvenida, galletas y un cambio de ropa “para no manchar la nuestra”. Hasta ahí, todo dentro de lo esperado.

Pero nada más llegar, vimos algo que no encajaba: una hembra con su cría encerradas. No era la mejor carta de presentación para un lugar que habíamos entendido como ético. Después nos sentaron y nos explicaron la historia del refugio y de algunos de los elefantes.
Y ahí llegó el punto de quiebre. Empezaron hablando de la cantidad de comida que necesita un elefante al día, luego del coste de mantenimiento… hasta soltar la frase que lo cambió todo: “Durante la pandemia, como no había turistas, no teníamos dinero suficiente para mantener a los elefantes y los soltamos en la selva.”

Nos miramos. ¿En serio? ¿Rescatas animales en malas condiciones, los mantienes dependientes… y cuando no hay ingresos, los abandonas? Ahí fue cuando entendimos que lo que habíamos investigado desde fuera no siempre refleja la realidad.
A partir de ese momento, todo perdió sentido. Aparecieron varios elefantes, se colocaron en fila para ser alimentados por los turistas y después pasamos a una zona donde, en teoría, tocaba “bañarlos”. Una dinámica que se aleja bastante de lo que entendemos como respeto animal.

La experiencia terminó y volvimos a la ciudad con una sensación bastante clara: no todo lo que se vende como ético lo es realmente. Y, en este caso, fue una de esas actividades que no repetiríamos.

El punto final en esta ciudad

A la mañana siguiente poníamos fin a nuestra etapa en Chiang Mai, una ciudad que nos sorprendió por su centro amurallado, sus cientos de templos y ese ambiente más pausado del norte de Tailandia. Pero que también nos dejó un sabor agridulce por la experiencia con los elefantes.

¿Próximo destino? Seguir recorriendo el norte. Y esta vez cambiábamos de transporte: tocaba probar los autobuses y enfrentarnos a unas cuantas horas de carretera.

Reflexión sobre Chiang Mai

Chiang Mai es, sin duda, la puerta de entrada al norte de Tailandia. Una región donde la selva, la naturaleza y los paisajes cobran protagonismo y te recuerdan que el país es mucho más que playas.

Nuestra llegada estuvo marcada por una situación peculiar, la prohibición temporal de venta de alcohol, que hizo que la ciudad se sintiera algo apagada. Pero en cuanto esa limitación desapareció, Chiang Mai nos mostró su verdadera cara: mercados llenos de vida, artesanía local y un ambiente mucho más auténtico.

La experiencia con los elefantes no fue como esperábamos, y eso marcó bastante nuestro paso por aquí. Pero con el tiempo y hablando con otros viajeros, descubrimos que sí existen centros que realmente trabajan de forma ética. Solo hay que saber encontrarlos.

¡Nuestra recomendación!

Si viajas a Tailandia, no te quedes solo en el sur. El norte merece mucho la pena. Dedícale algún día más a Chiang Mai, no tanto por la ciudad en sí (que se recorre relativamente rápido), sino por todo lo que la rodea.

Si quieres vivir la experiencia con elefantes, investiga bien. Hay lugares que hacen un trabajo increíble… y otros que son más un zoológico encubierto que un centro de recuperación.

Y si tienes tiempo, una gran idea es recorrer el trayecto entre Bangkok y Chiang Mai por carretera o en tren, haciendo parada en Ayutthaya. Una forma diferente de entender el país.

Chiang Mai no fue como esperábamos, pero justo por eso nos enseñó a mirar mejor lo que elegimos cuando viajamos.

Los mejores lugares de Chiang Mai

Imprescindibles

  • Centro histórico: zona amurallada que concentra gran parte de los templos y puntos de interés de la ciudad. Es el corazón cultural e histórico de Chiang Mai.
  • Mercado nocturno: uno de los mercados más animados de la ciudad, lleno de puestos de comida, ropa y artesanía. Es ideal para disfrutar del ambiente local por la noche.

Si tienes algo más de tiempo

  • Ayutthaya: antigua capital del reino de Siam, conocida por sus templos en ruinas y su valor histórico. Se encuentra cerca de Bangkok y es una parada habitual en ruta hacia el norte.
  • Otros templos en los alrededores de Chiang Mai: fuera del centro histórico hay numerosos templos menos concurridos que ofrecen una experiencia más tranquila. Muchos de ellos se encuentran rodeados de naturaleza o en zonas más locales.

Avatar de Ali

Sobre el autor

Más experiencias sin filtros

Barcos en el paraíso de El Nido

Como disfrutamos de 5 días en El Nido

Descubre los lugares más famosos de Filipinas
Cascadas en Lombok

Lombok, porqué decidimos incluir esta isla en nuestra ruta

Playas salvajes, cascadas y surf con alma local
Salagdoong Beach, Siquijor

Los 5 días que pasamos descubriendo Siquijor

Conoce los maravillosos lugares de esta isla
Orangután entre árboles

Bukit Lawang, nuestro cara a cara con los orangutanes

Así vimos a nuestros primos naranjas en la naturaleza
Playa de White Beach en Anda

Anda, llegamos para bucear y nos fuimos sin nada

Nosotros nos lo saltaríamos, ¿tú lo has visitado?
Mezcla de tradición y cultura

Kuala Lumpur, conociendo el centro de la ciudad

Dos versiones, una ciudad llena de contrastes
Tumpak Sewu Waterfall en Malang

Malang, donde descubrimos las maravillas naturales de Java

La puerta a cascadas y volcanes inolvidables
Arrozales en Bali

Bali, lo que vivimos en la parte más turística de Indonesia

Masificación, contrastes y rincones que aún sorprenden
El puente más famoso de Brisbane

Brisbane, disfrutando 1 día en la capital de Queensland

¿Merece la pena incluirla en tu ruta por Australia?

¡Escribe aquí tu comentario!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *