Chiang Rai, visitando el norte de Tailandia
¿Qué esperábamos de Chiang Rai?
Una vez decidimos incluir Chiang Mai en la ruta, empezaron a aparecer otros puntos interesantes en el norte de Tailandia. Entre ellos, Chiang Rai, que sin saber muy bien cómo era ni qué esperar, empezó a llamar nuestra atención.
No teníamos claro si era un lugar turístico o más local, pero hubo varios factores que inclinaron la balanza. Por un lado, dos templos muy conocidos situados en extremos opuestos de la ciudad. Por otro, algunas experiencias curiosas que habíamos visto durante la planificación.
La información con la que llegamos era bastante básica: esos dos templos, la existencia de una aldea conocida por las llamadas “mujeres jirafa” y el famoso Triángulo de Oro, donde confluyen varios países. Y poco más. Bueno, sí… que tenía aeropuerto, lo cual nos venía perfecto para seguir organizando la ruta.
Con eso, y sin demasiadas expectativas, Chiang Rai se coló en el itinerario. Y a veces, viajar así… es cuando más sorprende.
- ¿Qué esperábamos de Chiang Rai?
- La llegada
- Primeras impresiones
- Recorriendo Chiang Rai
- El punto final en esta ciudad
- ¿Por qué no visitamos el Valle de las "Mujeres Jirafa"?
- ¿Por qué no visitamos el Triángulo de Oro en Tailandia?
- Reflexión sobre Chiang Rai
- Los mejores lugares de Chiang Rai
- Más experiencias sin filtros
La llegada
Como ya contamos en el post de Chiang Mai, nuestra llegada a Chiang Rai no era una excursión de un día. Era un cambio de base. Íbamos con todo el equipaje, con la idea de continuar desde allí hacia el siguiente destino. Y eso hizo que el trayecto tuviera su gracia… por decirlo de alguna manera.
Nos plantamos en la estación de autobuses de Chiang Mai con una idea clara: Ali había visto que salían autobuses cada hora, así que no debería haber problema. Y así fue. Una vez allí, nos ofrecieron varias opciones según el tipo de autobús. Como el trayecto era relativamente corto (unas tres horas) optamos por una de las opciones más económicas.
El autobús en sí no estaba nada mal. Bastante cómodo, similar a lo que estamos acostumbrados para viajes largos en España. El problema no era el autobús… era todo lo demás.
Carretera de montaña, curvas constantes, un conductor con bastante prisa y la sensación de estar en una montaña rusa durante más de tres horas. Eso sí, todo acompañado de paisajes de selva espectaculares que hacían el trayecto mucho más llevadero.
Cuando por fin llegamos a Chiang Rai, lo tuvimos claro: el viaje había merecido la pena… pero también agradecimos bajar de ese autobús.
Primeras impresiones
Llegamos a Chiang Rai con el tiempo bastante justo: ese mediodía y el día siguiente. Así que, sin perder mucho tiempo, fuimos directos desde la estación de autobuses al hotel, dejamos las mochilas y salimos a recorrer las calles del pueblo.
El primer paseo fue tranquilo, sin grandes planes, simplemente dejándonos llevar. Hasta que decidimos entrar en un mercado local… y ahí cambió todo.
Fue, sin duda, la peor experiencia del viaje para Ali. No había turistas ni occidentales, solo locales. Los puestos se acumulaban en pasillos muy estrechos y, a ambos lados, nos encontramos con pescado en cubos de plástico, carne expuesta y productos que no estábamos acostumbrados a ver. El olor era muy intenso, hasta el punto de resultar insoportable. Ali tuvo que salir prácticamente corriendo, todo lo que la gente permitía, y de ahí nos fuimos directos al hotel.
Este tipo de mercados son habituales en zonas más locales de Tailandia. No es que estén “mal”, simplemente responden a otra realidad cultural. La gente compra, consume y convive con ello con total normalidad. Pero también es cierto que, si no estás acostumbrado, puede resultar una experiencia difícil. Y en este caso, lo fue.
Recorriendo Chiang Rai
Ahora sí, llegaba el día clave en Chiang Rai. El plan era claro: visitar el Wat Rong Khun (Templo Blanco) y el Wat Rong Suea Ten (Templo Azul). Dos puntos opuestos de la ciudad… y nosotros justo en medio.
Decidimos empezar por el Templo Blanco. Las distancias en Chiang Rai son largas y el transporte no siempre es sencillo. Además, los tuk tuk suelen aprovecharse bastante, especialmente hacia este templo. La mayoría de viajeros lo visita en excursiones organizadas desde Chiang Mai, así que hacerlo por libre tiene su parte de aventura. ¡Y vaya si la tuvo!
Intentamos averiguar cómo llegar, pero nadie parecía tener una respuesta clara. Así que volvimos a la estación de autobuses del día anterior y preguntamos allí. Encontramos un autobús local cuyo conductor no hablaba inglés, pero otro pasajero nos ayudó a explicarle el destino.
El trayecto fue… peculiar. Autobús sencillo, carretera abierta y, de repente, nos dejaron en el arcén de una autopista de varios carriles. Sin semáforos, sin pasos de peatones. Solo una opción: cruzar. Y eso hicimos.
Una vez al otro lado, apareció ante nosotros el Templo Blanco. Y hay que decirlo: es único. Todo está pensado al detalle, aunque a primera vista parezca un caos creativo. El blanco absoluto, el puente de acceso rodeado de manos que emergen del suelo, su arquitectura y cada pequeño detalle lo convierten en un lugar difícil de comparar. El interior, además, rompe completamente con lo que esperas del exterior. Pasamos allí entre dos y tres horas.






Y la vuelta fue todavía mejor. No había tuk tuks ni horarios claros de autobuses. Nos dijeron que esperáramos en una caseta junto a la carretera. Después de media hora sin resultados, preguntamos en una tienda cercana… misma respuesta. Volvimos a esperar. Y, de repente, una camioneta paró. Nos preguntaron a dónde íbamos, dijimos “al centro” y nos subimos.
Compartimos el trayecto con varios locales sin saber muy bien dónde acabaríamos. Pero funcionó. Nos dejaron en el centro de Chiang Rai por un precio razonable y, sin duda, fue uno de los momentos más auténticos del viaje.
Aún quedaba el Templo Azul. Después de la experiencia del transporte, decidimos ir caminando. El paseo fue largo, pero mereció la pena. Durante el paseo pudimos ver otros rincones de Chiang Rai que, para nada, esperábamos encontrar.





El Templo Azul es más pequeño que el Blanco, pero su impacto es inmediato. El color azul intenso combinado con dorados, tanto en el exterior como en el interior, lo hacen muy especial. Los grandes dragones en la entrada, como guardianes, terminan de darle ese aire único. Fue, sin duda, uno de los templos que más nos gustó.
Para volver al centro, esta vez no nos complicamos: tuk tuk y listo. Terminamos el día paseando, descubriendo algún templo más y buscando algo para cenar mientras asimilábamos todo lo vivido. Chiang Rai no es solo lo que ves… es todo lo que pasa entre un sitio y otro.






El punto final en esta ciudad
Con ese último paseo por Chiang Rai y una cena en un restaurante local, pusimos fin a nuestros días en la ciudad… y también a nuestra etapa por el norte de Tailandia.
A la mañana siguiente tocaba madrugar y dirigirnos al pequeño aeropuerto de Chiang Rai para coger el vuelo hacia nuestro siguiente destino. Un trayecto que, eso sí, no sería tan directo como parecía. Pero esa historia… os la contamos en el siguiente post.
¿Por qué no visitamos el Valle de las «Mujeres Jirafa»?
Una de las actividades más conocidas en el norte de Tailandia, junto a los templos o los santuarios de elefantes, es la visita a las aldeas de las llamadas “mujeres jirafa”. Se trata de mujeres de la etnia Kayan, muchas de ellas procedentes de Birmania, que utilizan anillos en el cuello generando esa imagen tan característica.
Más allá de lo visual, su situación es compleja. En muchos casos viven como refugiadas, con limitaciones legales y laborales, lo que hace que el turismo se haya convertido en una de sus principales fuentes de ingresos.
Entonces, ¿por qué decidimos no visitarlas?
Porque, siendo honestos, la sensación que teníamos no era cómoda. Por mucho que nos explicaran que el dinero ayuda a su subsistencia, no dejábamos de percibirlo como una especie de “zoo humano”. Una experiencia en la que el foco está puesto en observar a personas en una situación delicada, sin tener del todo claro el impacto real que tiene nuestra visita.
Con esa sensación, preferimos no formar parte de ello y no contribuir a una dinámica que, al menos para nosotros, no terminaba de encajar.
¿Por qué no visitamos el Triángulo de Oro en Tailandia?
Otro de los puntos más populares del norte de Tailandia es el Triángulo de Oro, situado en la frontera entre Tailandia, Laos y Birmania, donde el río Mekong actúa como límite natural entre los países. Más allá de su ubicación geográfica, es un lugar con mucha carga histórica. Su nombre está ligado al comercio de opio durante el siglo XX, cuando esta zona fue uno de los principales puntos de producción y distribución, donde el opio se intercambiaba por oro.
En nuestro caso, no lo descartamos por falta de interés. De hecho, a nivel histórico tiene mucho que aportar. Pero siendo realistas, visualmente no deja de ser un mirador hacia el río donde ves tres países a la vez.
La decisión fue más práctica que otra cosa: teníamos poco tiempo en Chiang Rai, el trayecto implicaba aproximadamente una hora por carretera y no era especialmente sencillo llegar. Así que, priorizando, decidimos dejarlo fuera de la ruta y centrarnos en otros puntos que nos encajaban más en ese momento del viaje.
Reflexión sobre Chiang Rai
Chiang Rai fue ese lugar que te devuelve a lo esencial. Un pequeño pueblo, lejos de la masificación turística, pero con dos grandes joyas: el Templo Blanco y el Templo Azul.
Aquí sentimos una Tailandia más tradicional. Mercados que, aunque nos pusieron a prueba, reflejan una forma de vida que se mantiene intacta. Templos que rompen con cualquier idea preconcebida. Y momentos tan simples como que una camioneta pare en mitad de la carretera para ayudar a dos turistas perdidos.
Chiang Rai nos recordó, salvando las distancias, a esos pequeños pueblos de España donde todo va más despacio y donde lo importante no siempre es lo que ves, sino lo que te pasa. Un norte más auténtico, más sencillo… y, en muchos sentidos, más real.
¡Nuestra recomendación!
El norte de Tailandia tiene muchísimo que ofrecer, y Chiang Rai es una buena muestra de ello. Si tienes tiempo, te recomendamos pasar al menos un par de noches aquí para vivir una experiencia más local y alejada del turismo masivo.
Intenta moverte por tu cuenta hasta el Templo Blanco y el Templo Azul. Puede que no sea lo más sencillo, pero es precisamente ahí donde aparecen los momentos más auténticos y la hospitalidad de la gente.
Si, por el contrario, vas justo de tiempo, al menos valora hacer una excursión desde Chiang Mai para no perderte estos dos templos. Porque son, sin duda, lo más representativo de esta parte del país.
Chiang Rai no destaca por lo que tiene… sino por lo que te hace vivir cuando te sales de lo fácil
Los mejores lugares de Chiang Rai
Imprescindibles
- Wat Rong Khun (Templo Blanco): templo contemporáneo conocido por su color blanco y su diseño artístico único. Destaca por sus detalles simbólicos y su puente rodeado de figuras que representan el paso al más allá.
- Templo Azul: templo llamativo por sus intensos colores azules y dorados tanto en el exterior como en el interior. Sus grandes figuras y dragones en la entrada lo convierten en uno de los más visuales de la zona.
Si tienes algo más de tiempo
- Golden Triangle: zona fronteriza donde se unen Tailandia, Laos y Birmania, marcada por el río Mekong. Es conocida por su relevancia histórica en el comercio del opio durante el siglo XX.










