¿Qué esperábamos de Brisbane?
Cuando empezamos a plantearnos dónde arrancar nuestra aventura en Australia, había nombres que resonaban con fuerza en nuestra cabeza: Sídney, Melbourne, Perth. La verdad, Brisbane no estaba entre los primeros candidatos, pero poco a poco se fue colando en la lista de posibles destinos.
Sabíamos muy poco del país, de sus ciudades o pueblos más importantes. Conocíamos lo típico: los grandes gigantes y alguna que otra pincelada como Cairns, Darwin en el Territorio del Norte, Adelaida, Tasmania… Así que nos tocó ponernos manos a la obra e investigar. Y fue así como dimos con la capital del estado de Queensland: Brisbane.
Desde entonces, esta ciudad empezó a subir posiciones en nuestra quiniela. Tenía buen clima, un tamaño razonable, buenas conexiones… pero también un gran inconveniente: no tenía playa. Y claro, en un país como Australia, eso pesa. Entonces apareció Gold Coast, a tan solo una hora de distancia y con todo lo que estábamos buscando. Allí fue donde decidimos instalarnos al llegar, y, siendo sinceros, no pudimos haber elegido mejor.
¿Y Brisbane? Pues se quedó como una ciudad que, aunque no nos llamaba especialmente la atención al principio, nos generaba curiosidad. Así que, sin grandes expectativas y sin saber muy bien qué ofrecía, decidimos dedicarle un día desde Gold Coast.
La llegada
Llegar fue más enrevesado de lo que esperábamos. Aunque está a apenas 70 km de Gold Coast, si no tienes coche, el trayecto en transporte público puede hacerse largo. Nosotros optamos por el tren, que en teoría debía dejarnos en la estación de South Bank. Pero, debido a unas obras en la vía, tuvimos que bajarnos mucho antes y tirar de creatividad para llegar.
Después de combinar un tranvía, un tren, dos autobuses y más de dos horas de trayecto, por fin aterrizamos en la estación de South Bank. Uno de los corazones de la ciudad, listos para empezar nuestra visita.
Eso sí, como siempre os decimos, esa fue nuestra experiencia porque veníamos desde Gold Coast; pero llegar a Brisbane puede ser mucho más sencillo. Cuenta con un aeropuerto con vuelos nacionales e internacionales (al menos desde Bali, que lo comprobamos), así que, si estás de ruta, es un destino muy accesible. Y si tienes coche, pues más fácil todavía.
Primeras impresiones
Nada más bajar del autobús en South Bank, entendimos por qué esta es la ciudad más grande de Queensland. Veníamos de una ciudad costera como Gold Coast, muy enfocada al turismo, y de repente estábamos en una city con todas las letras: rascacielos, bancos, oficinas… ¡Esto sí que era una ciudad! Si vienes de una ciudad como Gold Coast, notarás el contraste: nos recordó más a las grandes ciudades como Madrid, con ese ambiente más urbano y estructurado.
No sabemos si fue por ser domingo, o porque hacía un día de primavera espectacular, pero nuestra llegada fue de lo más animada. Justo al salir del bus, nos encontramos con un mercadito lleno de vida, gente paseando por todos lados y muchísimas opciones para comer, para todos los gustos y presupuestos. Y claro, eso ya nos ganó desde el primer momento.
Recorriendo Brisbane
Nuestra primera parada, como te contábamos antes, fue South Bank. Este distrito no solo nos rompió algunos esquemas, sino que también nos mostró la esencia de una ciudad que, aunque está junto al mar… no tiene playa.
Tras dejar atrás el mercadito, nos adentramos en un parque lleno de vegetación, con un paseo de lo más agradable en el que veías a familias, deportistas, mayores y niños disfrutando a su ritmo. Enseguida llegamos a The Arbour Walkway, un camino cubierto por unas estructuras metálicas en forma de arco que, en primavera, se llenan de flores. Nosotros llegamos algo tarde y pillamos pocas, pero se nota que en su máximo esplendor debe ser un auténtico espectáculo.
Siguiendo ese mismo paseo llegamos a uno de los puntos que más nos llamó la atención: Streets Beach, la playa artificial. Y es que, sin desmerecer el ingenio australiano, aquí se han montado unas piscinas con arena de playa, socorristas, chiringuitos… Todo con vistas al skyline de la city y, lo mejor de todo, sin medusas, sin corrientes, sin tiburones ni cocodrilos. Allí había gente tomando el sol, niños chapoteando y mucho ambiente. En una ciudad donde hace calor gran parte del año, la idea no pudo ser mejor.





Seguimos caminando por ese parque, entre tablones de madera y vegetación, con algún que otro animal acompañándonos. Así llegamos a la Nepalese Peace Pagoda, una pagoda nepalí que te deja descolocado en mitad del parque. Desde allí ya se divisaba otro de los iconos del distrito: The Wheel of Brisbane, la noria que corona la zona de South Bank, y que no tiene nada que envidiar a las de otras grandes ciudades como Singapur o Londres.




Al final de ese agradable paseo entre naturaleza, parques y muchos runners, llegamos a las famosas Brisbane Sign. Ese conjunto de letras de colores llamativos con el nombre de la ciudad que destaca muchísimo sobre el fondo de rascacielos en tonos grises y azulados.
Habíamos leído que justo desde ese punto podíamos cruzar un puente hacia el otro lado de la ciudad, aunque también nos llamaba la atención la State Library of Queensland, que estaba a solo unos metros. Así que aprovechamos para verla antes. Y la verdad, fue una grata sorpresa: el edificio, su interior y su arquitectura nos parecieron una maravilla. A su alrededor encontramos esculturas modernistas y algunos animales que no esperábamos ver tan cerca.




Cruzamos el puente y cambiamos por completo de paisaje. Ahora estábamos rodeados de rascacielos altísimos, pero también de edificios antiguos. Todos concentrados en la misma plaza. Pusimos rumbo al ayuntamiento y justo antes de llegar, nos topamos con la Albert Street Uniting Church, una iglesia entre rascacielos que nos dejó en shock. A Pablo le sorprendió muchísimo y a mí, la escena me recordó inevitablemente a Nueva York. Justo enfrente había una plaza enorme (que ese día estaba ocupada por una carpa gigante), el ayuntamiento y dos estatuas: una del Rey George V y otra de unos canguros, con los que por supuesto no perdimos la oportunidad de echarnos una foto.




El edificio del ayuntamiento nos pareció imponente. No esperábamos algo así en medio de esta ciudad y fue justo en ese momento cuando Pablo soltó: “¡Esto sí que es una ciudad! Con sus iglesias, sus monumentos…”. Y es que claro, en comparación, Gold Coast se queda un poco atrás en eso.
De ahí caminamos hacia el Monumento a los soldados ANZAC y su plaza, un lugar cargado de simbolismo que invita al silencio. Y justo cuando bajábamos sus escaleras… ¡baobabs! Así que nos sentamos un rato bajo su sombra, que se agradecía con el calor que hacía.





Seguimos paseando entre parques, callejuelas y plazas, hasta toparnos de frente con la Saint Stephen’s Cathedral. ¡Impresionante la sensación! Salíamos de una calle de casas bajas, veíamos solo los rascacielos por encima de los tejados y de repente, ¡zas! Esa catedral en medio de todo.
Como ya habíamos visto el skyline desde South Bank y no podía haber mejor vista, decidimos acercarnos al punto más emblemático de la ciudad (o al menos eso habíamos leído): el Story Bridge. Un puente de acero que nos recordó mucho al famosísimo puente de Sídney.






Para terminar nuestra ruta, y de camino al punto de inicio, nos cruzamos con dos edificios que no teníamos en el radar, pero que nos dejaron con la boca abierta: el Treasury Building y el Treasury Hotel Brisbane. Entre ambos, una plaza con un monumento dedicado a la Reina Victoria. Un cierre de recorrido de lo más elegante.
El punto final en esta ciudad
Después de un paseo kilométrico (sí, de esos que te dejan las piernas pidiendo tregua), pusimos punto final a nuestra visita por Brisbane. Pero no sin antes hacer algo que teníamos claro desde el principio: volver a South Bank y tomarnos una cerveza bien fresquita en un bar con vistas al skyline. Nada mejor que una buena cerveza para cerrar la jornada y sacar nuestras propias conclusiones sobre esta ciudad.
¿La vuelta a Gold Coast? Esta vez fue algo más rápida, por suerte. Cogimos un autobús directo desde South Bank que nos dejó en una estación con conexión directa al tren, así que nos ahorramos un transbordo y unos 30 minutos de trayecto. Y sí, lo agradecimos mucho.
Reflexión sobre Brisbane
Brisbane es esa ciudad que, en teoría, lo tiene todo: buen tamaño, transporte público eficiente, vida cultural, naturaleza cerca, ambiente joven… Pero también tiene un gran “pero”. Y es que, para ser una ciudad australiana con temperaturas suaves en invierno y muy calurosas en verano, no tiene playa. Aunque mires el mapa y veas que está pegada al mar y que tiene dos islas enfrente que parecen espectaculares, el acceso directo a la costa y al Coral Sea no está ahí.
Eso sí, el remedio que han ideado los australianos con su playa artificial en South Bank nos pareció ingenioso y muy bien montado. A pesar de esa falta de mar, nos pareció una ciudad con historia, con carácter, con un desarrollo urbano moderno y espacios con identidad. Una ciudad que transmite que aquí han pasado cosas, y que tiene un presente con ritmo propio.
¡Nuestra recomendación!
Puede que tus motivos para venir a esta zona sean dos: la Gran Barrera de Coral o el surf. Y en ninguno de esos casos Brisbane es el destino final. Pero si estás por aquí cerca, creemos que merece la pena dedicarle un día. Pasear por sus calles, disfrutar de sus parques, ver su skyline desde South Bank y sentir un poco el ritmo de la ciudad más grande de Queensland. Si estás montando tu ruta por Australia, esperamos que este post te ayude a decidir si realmente te interesa incluir Brisbane. Para nosotros, no es un destino imprescindible, pero sí una parada que puede sorprenderte si vas sin expectativas y con ganas de caminarla.
A veces las ciudades que menos esperas son las que más te enseñan. Brisbane no tiene playa, pero tiene carácter, buen rollo y un ritmo que nos hizo sentir, por unas horas, que también podíamos ser de ciudad.
¿Qué hacer en Brisbane?
Imprescindibles
- The Arbour Walkway: paseo cubierto por estructuras metálicas que en primavera se llena de flores moradas. Ideal para caminar a la sombra entre parques y cafés
- Streets Beach: playa artificial de Brisbane, con arena, palmeras y socorristas, justo en el corazón de la ciudad
- The Wheel of Brisbane: noria icónica de South Bank con vistas panorámicas al skyline y al río
- Brisbane Sign: letras gigantes de colores con el nombre de la ciudad, perfectas para una foto con los rascacielos de fondo
- Brisbane City Hall: edificio monumental en el centro de la ciudad que te sorprende por su tamaño y su arquitectura clásica
- ANZAC Square: plaza conmemorativa dedicada a los soldados australianos, un rincón lleno de respeto y simbolismo
- Saint Stephen’s Cathedral: catedral neogótica que aparece entre rascacielos, contrastando historia y modernidad
- Story Bridge: puente más famoso de Brisbane, muy parecido al de Sídney, ideal para ver la ciudad desde las alturas
Si tienes más tiempo
- Nepalese Peace Pagoda: joya escondida de madera tallada traída desde Nepal, en pleno South Bank
- State Library of Queensland: biblioteca moderna con rincones tranquilos, arte y arquitectura sorprendente
- Albert Street Uniting Church: pequeña iglesia de ladrillo rojo que resiste entre los edificios altos del centro
- Queen Street Mall: zona comercial más animada de Brisbane, con tiendas, restaurantes y mucho ambiente
- City Botanic Gardens: jardines tranquilos junto al río, perfectos para desconectar del bullicio urbano
- Kangaroo Point View: uno de los mejores miradores de Brisbane, con vistas increíbles al río y al skyline










