Koh Phi Phi, conociendo Maya Bay

¿Qué esperábamos de Koh Phi Phi?

Planificando nuestro viaje a Tailandia había un lugar que tenía que estar sí o sí: Koh Phi Phi. Era, literalmente, la imagen que teníamos en la cabeza cuando pensábamos en el paraíso. Playas de agua turquesa, acantilados imposibles y esa sensación de isla perfecta que todo el mundo te vende.

Además, no solo eran referencias de internet. Familiares de Ali habían estado allí en su luna de miel y las recomendaciones eran claras. Así que no hubo mucho debate: entraba en la ruta.

Pero como suele pasar, cuando bajas el viaje a la realidad… empiezan los ajustes. Al revisar fechas y clima, vimos que en la época en la que viajábamos la costa oeste de Tailandia (donde se encuentra Phi Phi) no tenía las mejores condiciones. Tocaba rehacer parte del itinerario, cuadrar días y adaptarnos a lo que venía.

Aun así, había cosas que no se negociaban. Y Koh Phi Phi era una de ellas.Porque por mucho que cambies planes… hay lugares que simplemente tienes que ver por ti mismo.

La parada en Phuket (ciudad)

Para llegar a Koh Phi Phi, hicimos lo que podríamos llamar una logística “viajera”: práctica, flexible… y un poco ahorrativa. Encontramos un vuelo que encajaba perfectamente hasta Phuket, con llegada sobre las 4 de la tarde.

El problema era claro: íbamos justos para enlazar con el barco hacia Phi Phi. Así que, para no jugárnosla, decidimos hacer noche en Phuket ciudad.

La visita fue rápida, muy rápida. Pero suficiente para entender por qué no suele aparecer en la mayoría de itinerarios por Tailandia. Nos encontramos con una ciudad más tranquila, con un ambiente costero y relajado… pero que, en nuestro caso, no terminó de encajarnos. No fue nada concreto, simplemente una cuestión de sensaciones. Cena, paseo corto y a dormir. Al día siguiente tocaba madrugar. El objetivo: llegar, por fin, a la isla que tanto esperábamos.

La llegada

Llegar a Koh Phi Phi solo es posible de una forma: en barco. Así que, a primera hora, cogimos un Grab hasta el puerto de Phuket para embarcar rumbo al paraíso. En nuestra cabeza, el trayecto iba a ser tranquilo. Relajado. De esos que disfrutas mirando el mar. Spoiler: no lo fue.

El barco era pequeño y, aunque iba lleno de turistas, el mar no acompañaba demasiado. Entre el movimiento y las olas, el viaje se convirtió en una especie de atracción improvisada. Resultado: llegamos al embarcadero de Phi Phi completamente empapados.

No era exactamente la bienvenida que habíamos imaginado… pero sí una bastante memorable.

Primeras impresiones

Nada más llegar al embarcadero de Koh Phi Phi con las mochilas… sorpresa. Y no precisamente la que esperábamos. Lejos de esa imagen de paraíso virgen, nos encontramos con una calle llena de turistas, tiendas por todas partes y hasta un McDonald. Primer choque de realidad.

Aun así, había algo que no fallaba: el entorno. El color del agua, los acantilados y las típicas barcas tailandesas hacían que, a pesar de todo, el lugar tuviera algo especial.

Caminamos unos minutos hacia uno de los extremos de la zona principal, donde teníamos el alojamiento. Allí, cambio total de sensación: zumo de bienvenida, trato cercano y una llegada mucho más tranquila.

Y además, suerte. La habitación estaba lista. Así que no perdimos tiempo: cambio rápido de ropa… y a salir a descubrir qué era realmente Koh Phi Phi más allá de esa primera impresión.

Recorriendo la isla paradisiaca de Tailandia

Pasamos 4 días en Koh Phi Phi y, la verdad, fue tiempo suficiente para conocer bien la isla… y también para bajar el ritmo. Después de tantos templos y ciudades, aquí tocaba otra cosa: playas, atardeceres, cenas tranquilas y alguna que otra cerveza al caer la noche.

Uno de los días decidimos ir hasta Long Beach. El paseo hasta allí es muy agradable, pero el acceso tiene su historia. Muchos de los resorts de la zona tienen acceso directo a la playa, pero como nosotros no nos alojábamos allí (ni queríamos pagar), tocó improvisar.
Y sí, acabamos haciendo un poco el “mono”: bajando entre rocas, agarrados a una cuerda para no resbalar. Poco glamuroso, pero bastante efectivo.

La recompensa mereció la pena. Una playa prácticamente vacía… o casi. Había un pequeño grupo jugando al UNO, con los que acabamos sentados aprendiendo sus reglas (porque, al parecer, cada país tiene las suyas). Para volver, mismo plan: cuerda, rocas y un poco de equilibrio hasta recuperar el camino.

Las noches tenían su propio ritual. Nos cambiábamos y nos íbamos a cenar al mismo sitio: el restaurante de “Carlitos”. Un señor tailandés que nos ganó desde el primer día y que es toda una celebridad en Koh Phi Phi. Comida buenísima, cerveza barata, consejos anti-mosquitos y un espectáculo nocturno que hacía que siempre quisiéramos volver.

Otro de los días lo dedicamos a hacer un tour en un típico long tail boat. El plan incluía lugares como Maya Bay (que estaba cerrada por conservación), la Playa de los Monos, la Cueva Vikinga o la Laguna Pileh. Íbamos con otros viajeros, entre ellos varios niños que, sin duda, fueron los que más disfrutaron de la experiencia.

El problema fue el mar.

Empezamos con un día nublado, pero tranquilo. Y de repente, todo cambió. El mar se volvió bastante agresivo, empezó a llover, las olas crecían y el ambiente en el barco se tensó. El capitán nos colocó para equilibrar el peso, nadie podía moverse y algunos empezaron a ponerse los chalecos salvavidas. No era una excursión… era supervivencia versión light.

El capitán decidió volver y, sinceramente, no pusimos ninguna objeción. Una vez en tierra firme, lo tuvimos claro: suficiente barco por unos días.

El resto del tiempo lo pasamos como debe hacerse en una isla así: playas, piscina, cerveza… y descansar. Porque a veces, el mejor plan es no tener ninguno.

El punto final en esta isla

Nuestros últimos momentos en Koh Phi Phi fueron tranquilos. Sin grandes planes, simplemente disfrutando del ritmo de la isla antes de volver a hacer mochilas.

Tocaba salir… y no había alternativa: barco. Después de la experiencia en el long tail, no era precisamente lo que más nos apetecía, pero en Phi Phi no hay otra opción.

Esta vez, por suerte, el trayecto fue totalmente distinto. Un barco más grande, un viaje estable y rápido hasta Krabi. Y así nos despedíamos del caos de Phi Phi… para dar paso a unos días de auténtico relax en el siguiente destino.

Reflexión sobre Koh Phi Phi

Koh Phi Phi es ese destino que todos imaginamos cuando pensamos en el paraíso tailandés. Pero en nuestro caso, la realidad fue algo distinta.

Llegamos con una idea muy clara: playas vírgenes, calma y naturaleza. Y lo primero que encontramos fueron calles llenas de comercios… incluso un McDonald. Un contraste que, desde el primer momento, nos rompió un poco la imagen que traíamos.

Eso no quita que la isla tenga cosas increíbles. Playas espectaculares, rincones con mucho encanto y personas que te dejan huella, como “Carlitos”. Pero también vimos cómo el turismo masivo puede llevar a situaciones innecesarias, como la que vivimos en el long tail.

Aun así, hay otra cara. Si te alejas de las zonas más concurridas, la isla sigue teniendo ese color, esa calma y ese encanto que esperas encontrar. El problema no es el lugar… es en lo que se está convirtiendo.

¡Nuestra recomendación!

Visitar Koh Phi Phi sigue siendo una buena idea si buscas una isla con buenas conexiones, servicios y ambiente. Si quieres ver lugares icónicos como Maya Bay o disfrutar de playas con vida, encaja perfectamente. Pero si lo que buscas es algo más auténtico, más tranquilo o más local… puede que no sea tu sitio.

Y tranquilo, porque hay alternativas. Y te las contamos en el siguiente post.

Koh Phi Phi es ese paraíso que existe… pero que ya no es como te lo imaginas

¿Qué hacer en Koh Phi Phi?

Imprescindibles

  • Maya Bay: playa icónica rodeada de acantilados que se hizo famosa por la película The Beach. Su acceso está regulado para preservar el ecosistema
  • Pileh Lagoon: laguna de aguas turquesas rodeada de altas paredes de roca. Es uno de los lugares más impresionantes para nadar y disfrutar del paisaje
  • Monkey Beach: pequeña playa conocida por la presencia de monos en libertad. Es un lugar curioso, aunque hay que mantener distancia con los animales
  • Phi Phi Viewpoint: mirador que ofrece la vista más famosa de la isla, con sus dos bahías a ambos lados. Requiere una subida, pero las vistas merecen la pena
  • Long Beach: playa más tranquila que la zona principal, con aguas cristalinas y menos gente. Ideal para relajarse y escapar del bullicio

Si tienes algo más de tiempo

  • Viking Cave: cueva conocida por sus pinturas y por la recolección de nidos de aves. Solo se puede observar desde el exterior en las excursiones
  • Loh Dalum Bay: bahía principal de la isla, conocida por su ambiente animado y sus aguas poco profundas. Es el centro de la vida nocturna y turística

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