Malaca, la ciudad que perdió su esencia colonial

¿Qué esperábamos de Malaca?

Mientras seguíamos organizando nuestras aventuras por el Sudeste Asiático, ¿cómo llegamos a esta ciudad de Malasia llamada Malaca?

Malasia se coló entre los países a visitar. Aunque, igual que se coló, comenzó a generar dudas… ¿qué ver? ¿cuánto tiempo dedicarle? ¿qué buscábamos? ¿qué esperábamos? Con todas esas preguntas en la cabeza, nos dimos cuenta de que Malasia era un país que podía ofrecernos una visión general o una experiencia de meses. Como no teníamos el tiempo suficiente para explorar un país tan extenso y con traslados no precisamente fáciles, optamos por la opción más corta: la visión general.

Descartamos la isla de Borneo en su parte malaya, el este y el centro de la península. Así que, con todo eso fuera del mapa, nos centramos en el oeste. ¿Y por qué Malaca? Esta ciudad se ganó un hueco en nuestro recorrido cuando descubrimos que era Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Con ese titular solo podíamos pensar una cosa: algo tendrá para haber recibido tal reconocimiento. Así que la metimos en la lista… y allá que fuimos.

La llegada

Nuestra aventura por Malasia comenzó en esta ciudad. ¿Fue una buena decisión? Viéndolo con perspectiva… aún no lo tenemos del todo claro.

Aterrizamos en el aeropuerto de Kuala Lumpur y, sin tener muy claro horarios ni conexiones, empezamos a buscar algo que se pareciera a una estación de autobuses. Cuando por fin la encontramos, supimos que en apenas dos horas salía un bus hacia Malaca. No lo dudamos ni un segundo.

Eso sí, el trayecto casi no llega a producirse. Un pequeño (gran) enfado con la reserva del alojamiento en esta ciudad estuvo a punto de hacernos quedarnos en Kuala Lumpur. Pero al final subimos al bus… y menos mal. ¡Aquello era una locura! Asientos reclinables casi a 90º, masajeadores, reposapiés, ¡y hasta música integrada! Increíble. Solo quedaban dos horitas de carretera para llegar a nuestro destino.

Primeras impresiones

En medio de la espera, mientras comprábamos una SIM para tener internet, empezamos a recibir mensajes: ¡empezaba el caos! Nuestro alojamiento nos escribió para avisarnos de que no teníamos habitación. Que se habían equivocado, que no habían gestionado bien las reservas de Booking, y que lo único que podían hacer era devolvernos el dinero y recomendarnos otros hoteles cercanos.

Recién aterrizados en Malasia y ya teníamos el primer disgusto… Tocaba buscar nuevo alojamiento por nuestra cuenta. Al final encontramos uno: un poco más caro, más alejado, pero al menos tenía piscina y algunos servicios que nos convencieron.

Después del viaje en bus llegamos a lo que, de primeras, no parecía para nada una ciudad merecedora del título de Patrimonio de la Humanidad… pero ahí estaba. Eran ya horas de comer, estábamos cansados y con las mochilas a cuestas, así que cogimos un taxi hasta el nuevo alojamiento.

Nuestro hospedaje estaba en una torre enorme que mezclaba hotel y apartamentos. ¿Lo bueno? Tenía de todo y podíamos apañarnos dentro. ¿Lo malo? No había nada alrededor: ni restaurantes, ni cafeterías, ni nada que hacer. ¿El centro? A unos 30 minutos caminando.

Recorriendo Malaca

Decidimos invertir tres días reales, sin contar los traslados, en esta ciudad. ¿Por qué tanto? Buena pregunta. Es una de esas cuestiones existenciales que seguimos sin resolver después de haber estado allí.

La razón principal fue que, tras leer otros blogs y escuchar a viajeros que hablaban maravillas sobre Malaca, nos pareció una ciudad interesante, cultural, con historia… Vamos, que merecía tiempo y calma. ¿Conclusión? Eso mejor os lo contamos al final.

Desde nuestro hotel hasta el casco histórico de la ciudad había unos 30 minutos caminando. El trayecto tenía su gracia, aunque los primeros diez minutos eran puro trámite. Luego podías pasar por el barrio indio o por otra zona más humilde y auténtica, lo cual al menos aportaba variedad al paseo.

La ciudad gira en torno al canal que atraviesa sus calles principales. Ese canal nos recordó un poco a Ámsterdam, un poco a Singapur y, si apuramos mucho, hasta a Gold Coast. Pero ojo, porque lo que también notamos desde el minuto uno fue la contaminación. El calor era aplastante, el cielo tenía ese tono gris sucio que en Madrid solo se ve en los peores días, y el olor… bueno, digamos que no era lo más apetecible para sentarte en una terracita junto al río.

Aun así, nos resistíamos a pensar que esta ciudad pudiera ser una decepción. Así que, después de varios paseos exploratorios, decidimos apuntarnos a un free tour. Una visita guiada que pudiera explicarnos por qué esta ciudad tenía el título de Patrimonio de la Humanidad y darnos contexto.

La ciudad nos fue explicada desde tres niveles sociales históricos, lo cual nos ayudó a entender un poco mejor su “caos”.

Comenzamos el tour sobre el Tan Kim Seng Bridge, uno de los puentes principales que une las dos mitades del casco antiguo. Siempre, y decimos siempre, lo vimos a rebosar de turistas.Luego caminamos por Jalan Tun Tan Cheng Lock, una calle llena de casas alargadas con esa arquitectura tan típica de influencia holandesa. Allí conocimos cómo vivía la clase alta y entramos al Hotel Puri Melaka, donde nos contaron cómo se construían las casas y se gestionaba el agua en su interior. Interesante, aunque algo rebuscado para lo que esperábamos.

El segundo nivel de clase nos llevó a los templos. Tres templos de tres religiones diferentes en la misma calle: el budista Cheng Hoon Teng, la mezquita Kampung Kling con detalles arquitectónicos budistas, y el templo hindú Arulmiku Poyyatha Vinayaga Moorthy. Fue aquí donde conocimos también los oficios tradicionales, como el taller del zapatero que nos explicó el porqué de los mini zapatos que llevaban las mujeres de clase alta. Historia, sí… pero algo repetitiva.

Para cerrar el recorrido por esa zona del canal, bajamos al estrato social más bajo: los antiguos fumaderos de opio, los talleres de reparación de barcos y los suburbios. Lo cierto es que esa parte tenía su crudeza, pero también algo de autenticidad.

Cruzamos de nuevo el puente y llegamos a la famosa Dutch Square (Red Square), una plaza completamente pintada de rojo que conserva los vestigios de la ocupación holandesa. Aquí encontramos el Stadthuys, la iglesia cristiana, y un sinfín de turistas haciendo cola para sacarse la foto con los rickshaws decorados como si fueran carrozas de Disney.

Y para cerrar la visita, subimos a la colina donde se encuentra la antigua fortaleza portuguesa, A Famosa, y la St. Paul’s Church, una iglesia en ruinas con lápidas holandesas y vistas bastante buenas de la ciudad. Una mezcla de estilos que refleja perfectamente el cóctel histórico de Malaca… aunque también su falta de identidad clara.

El punto final en esta ciudad

Terminamos nuestro periplo por Malaca con una sensación bastante descafeinada. La verdad, más allá de algunas pinceladas históricas, está parada nos sirvió más para ponernos al día con trabajo pendiente que para vivir una experiencia cultural que recordemos con emoción.

Así que, sin mucha pena, pedimos un taxi que nos llevase a la estación de autobuses y pusimos rumbo a nuestro siguiente destino… con ganas de más. Así, en un autobús y con un sabor de boca algo agridulce pusimos rumbo a Kuala Lumpur donde vivimos dos caras de una misma ciudad.

Reflexión sobre Malaca

Malaca nos dejó una mezcla de decepción, sorpresa… y sí, también algo de tristeza. Ya antes de llegar, la cancelación de nuestro alojamiento supuso un buen revés a nuestros planes; aun así, intentamos darle la vuelta y conocer la ciudad con una mentalidad positiva.

Pero la realidad fue otra: una ciudad sucia, poco cuidada, con un nivel de contaminación altísimo, donde el calor era abrumador y los olores poco agradables. A eso se sumaba una ciudad llena de turistas y atracciones que rozaban más lo artificial que lo cultural. ¿Cómo es posible que una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO parezca un parque temático? ¿Cómo se permite que su arquitectura se deteriore a ese nivel?

Y entonces llegó la frase del guía, que nos lo explicó todo: “Esta ciudad perdió su esencia el día que la hicieron Patrimonio de la Humanidad”.

Una frase dura, pero que tenía todo el sentido. Según nos contaba, los precios se dispararon tanto con el turismo que muchos locales no podían permitirse seguir viviendo en el centro. Muchos de ellos han tenido que reinventarse para sobrevivir en una ciudad que, poco a poco, ha cambiado su alma por souvenirs y tuk-tuks decorados con luces de neón.

¡Nuestra recomendación!

Si tienes pensado visitar Malaca, hazlo con una idea clara: no es una ciudad para pasar 3 o 4 días. De hecho, creemos que con una excursión de un día desde Kuala Lumpur puede ser suficiente. ¿Merece la pena? En nuestra opinión… no mucho. Queda poco de su arquitectura original y lo que queda está en mal estado. Es cierto que su plaza roja impacta y el fuerte tiene su interés histórico, pero el conjunto general transmite más parque temático que ciudad con historia. ¿La verdad? Una auténtica pena.

Malaca nos recordó que no todo lo que lleva el sello de la UNESCO brilla como debería. A veces, el verdadero valor de un lugar se pierde entre souvenirs, humo y lo que pudo haber sido

¿Qué hacer en Malaca?

Imprescindibles

  • A Famosa: ruinas de una antigua fortaleza portuguesa del siglo XVI, testimonio de la historia colonial de la ciudad
  • St Paul’s Church: iglesia en ruinas situada en una colina, con vistas a la ciudad y lápidas de antiguos colonos holandeses
  • Dutch Square (Red Square) Melaka: rl corazón colonial de la ciudad, una plaza rojiza llena de vida, historia y bicicletas decoradas con luces
  • Stadthuys: edificio rojo de estilo holandés que funcionó como sede del gobierno; hoy es museo y postal típica
  • Christ Church Melaka: iglesia cristiana construida por los holandeses en el siglo XVIII, reconocible por su fachada roja y su historia
  • Hotel Puri Melaka: antigua casa peranakan reconvertida en hotel, perfecta para apreciar la arquitectura tradicional desde dentro
  • Cheng Hoon Teng Temple: templo budista más antiguo de Malaca, un lugar de culto lleno de detalles tallados y símbolos ancestrales
  • Kampung Kling Mosque: mezquita con una mezcla única de arquitectura islámica, hindú y china que refleja el mestizaje cultural
  • Arulmiku Poyyatha Vinayaga Moorthy Temple: templo hindú lleno de color dedicado al dios Ganesha, ubicado en pleno centro del casco histórico

Si tienes más tiempo

  • Melaka 3D Street Art: murales y arte urbano en 3D que decoran las calles junto al canal; ideales para fotos y dar color al paseo
  • Villa Sentosa: casa-museo habitada por generaciones, que permite conocer de primera mano la vida malaya tradicional
  • Bukit China: colina histórica donde se encuentra el mayor cementerio chino fuera de China; símbolo del legado migrante

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