George Town, 2 días entre su pasado y su arte callejero
¿Qué esperábamos de George Town?
Cuando, por pura logística, decidimos incluir Malasia en nuestra ruta por el Sudeste Asiático, el reto era claro: ver lo máximo posible… pero también entender su cultura. Con el tiempo que teníamos, nos centramos en la costa oeste de la península, dejando otras zonas para otro viaje.
Fue entonces cuando apareció Penang en el mapa. Una isla en el extremo noroeste del país que combinaba naturaleza (con uno de los parques nacionales más conocidos de Malasia) y algo que no esperábamos encontrar: una ciudad donde el arte callejero tiene un papel protagonista.
Así descubrimos George Town, una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, donde las calles no solo se recorren… también se observan. Murales, intervenciones artísticas y detalles escondidos que transforman la ciudad en una galería al aire libre. Y con esa idea llegamos: una ciudad diferente, donde el arte no está en museos… sino en las paredes.
La llegada
Para llegar a George Town, en nuestro caso desde Kuala Lumpur, teníamos dos opciones claras: varias horas en autobús o un vuelo directo al aeropuerto de Penang. Con el tiempo bastante justo, la decisión fue rápida: avión.
El vuelo salía muy temprano, demasiado. De esos horarios en los que aún no tienes claro si te has despertado o no te has llegado a acostar. Y por si fuera poco, el plan se torció un poco más con un retraso de más de dos horas. Resultado: lo que iba a ser una llegada temprana se convirtió en aterrizar casi a mediodía tras un vuelo de apenas una hora.
Una vez en el aeropuerto de Penang, tocaba decidir cómo llegar al centro. Había opción de autobús, pero por comodidad y precio, optamos por lo fácil: Grab.
Y aquí llegó el primer momento “George Town”. Nada más subirnos al coche, el conductor paró en una gasolinera, nos dejó dentro del vehículo y se fue a comprar comida. Sin explicaciones, sin prisa. Algo que no esperábamos… pero que tampoco nos molestó. De hecho, fue la primera pista de que el ritmo de esta isla iba a ser muy distinto al de Kuala Lumpur o Malaca.
Tras unos 40 minutos de trayecto, llegamos a nuestro alojamiento. Estábamos cerca del centro, pero lo suficientemente alejados como para no estar metidos en pleno bullicio. Muy próximos a Chinatown, en una zona con bastante influencia china, algo que también se notaba en el propio hotel.
Primeras impresiones
Nada más llegar al hotel en George Town, teníamos una prioridad clara: comer. Eran casi las tres de la tarde y el hambre no negociaba. Así fue como encontramos una cafetería que, sin saberlo, acabaría siendo nuestra “oficina” durante los siguientes días. Comimos algo rápido… y a la calle.
Bastaron unos 20 minutos caminando por el centro para darnos cuenta de algo importante: la ciudad era más pequeña de lo que esperábamos. Y eso, lejos de ser un problema, jugaba a nuestro favor. Teníamos tiempo de sobra para recorrerla con calma.
La sensación era la de un pequeño pueblo con mucha vida. Soportales llenos de negocios locales (cerrajeros, zapateros, talleres) mezclados con teterías, cafeterías y calles enteras de bares anunciando “la mejor cerveza”. Turistas, sí, pero también mucha vida local. Y, de repente, sin esperarlo, algún mural escondido en una pared.
Esa fue la primera impresión: una ciudad pequeña, pero muy viva. De esas que no necesitas planificar demasiado… solo empezar a caminar.
Recorriendo George Town
Los días en George Town los organizamos con bastante cabeza: uno para monumentos, otro para murales, otro para subir a Penang Hill… y un último día comodín. Sobre el papel sonaba perfecto. Luego, como siempre, la realidad tuvo algo que decir.
Antes de empezar, hay algo clave para entender esta ciudad: la fuerte presencia de la comunidad china. Desde el siglo XIX, muchos inmigrantes se asentaron aquí, dejando una huella muy visible en forma de mansiones, templos y tradiciones. George Town es, en esencia, una mezcla de herencia británica, cultura china y alma malaya. Todo esto se ve reflejado en lugares como la “calle de la Armonía”, donde conviven templos y religiones en apenas unos metros.
El primer día lo dedicamos a descubrir qué había más allá de los murales. Empezamos por The Blue Mansion, una de las casas más icónicas de la ciudad. Solo acceder al jardín ya costaba bastante, así que nos conformamos con verla desde fuera.
Seguimos caminando hacia la zona del puerto, pasando por la iglesia de St. George’s Church (en obras), el templo chino Kuan Yin Temple y zonas más institucionales como el City Hall, Town Hall y la Explanade. Todo ese paseo, junto al mar, nos recordó mucho a la herencia colonial británica.




En mitad del recorrido, algo inesperado: un crucero enorme atracado en el puerto. No era algo que esperáramos ver allí, y menos de ese tamaño.
Desde ahí nos metimos por Beach Street, callejeando sin rumbo fijo. Llegamos a la Pinang Peranakan Mansion, donde pudimos al menos asomarnos al patio, y seguimos hasta Little India Penang. El cambio de ambiente es inmediato: colores, olores y música que transforman completamente la experiencia.
Allí visitamos el Sri Mahamariamman Temple, para después enlazar en apenas minutos con el Han Jiang Ancestral Temple y la Kapitan Keling Mosque. Tres culturas, tres religiones… en cuestión de pasos.
Nuestro siguiente destino fue Chew Jetty, una estructura de madera sobre el agua llena de puestos y vida. Antes de llegar, pasamos por la antigua estación de bomberos de 1908. Pasear por el muelle fue una de esas experiencias que no esperas y que te sorprenden.







El día terminó visitando algunas casas de clanes chinos como Khoo Kongsi y acabando en Armenian Street, donde cenamos en uno de sus puestos al aire libre.
El segundo día cambió completamente de registro. Mañana de trabajo en nuestra cafetería de confianza y, por la tarde, ruta de murales. George Town es famosa por su arte callejero, especialmente por obras como Boy on Chair o Brother & Sister on a Swing del artista Ernest Zacharevic. Recorrer la ciudad buscando estos grafitis es casi como un juego.






Terminamos el día en uno de los mejores restaurantes del viaje: Halab Penang Arabic Restaurant.
El tercer día el plan era subir a Penang Hill… pero el cuerpo tenía otros planes. Pablo amaneció medio enfermo y todo cambió. Lo que iba a ser exploración se convirtió en descanso. Los dos últimos días fueron tranquilos, de recuperarse y bajar el ritmo.
Porque a veces, viajar también es saber parar.
El punto final en esta ciudad
Tocaba despedirse de George Town… y también de Malasia. Desde Penang poníamos rumbo a nuestra siguiente aventura.
Por suerte, el aeropuerto está muy cerca, así que no hubo complicaciones ni prisas. Un Grab de unos 20 minutos y listo. El aeropuerto es pequeño y eficiente, así que en menos de una hora ya teníamos todo hecho. Y así, casi sin darnos cuenta… tocaba decir: hasta la próxima, Penang.
Reflexión sobre George Town
Nuestra visita a George Town fue breve y, en parte, algo atropellada. Aun así, nos enseñó una cara muy diferente de Malasia. Una ciudad pequeña, con esencia de pueblo, donde lo cotidiano sigue teniendo peso: soportales, tiendas de barrio y vida local.
Al mismo tiempo, su ambiente nocturno, con calles llenas de bares y pubs, la hace sentirse muy viva. Esa mezcla entre lo tradicional y lo moderno es parte de su encanto.
También es una ciudad donde conviven culturas: china, hindú, musulmana… todo ello sobre una base colonial británica que sigue muy presente. Y, por encima de todo, el arte. Los murales convierten cada paseo en algo distinto. Mires donde mires, hay algo que observar.
Aun así, siendo honestos, es una ciudad que sentimos como experiencia de una sola vez. Muy interesante, muy completa… pero no un lugar al que necesariamente volveríamos.
¡Nuestra recomendación!
Si estás viajando por Malasia, incluir George Town puede ser una buena forma de ver otra cara del país. Especialmente si te interesa el arte, la historia y las ciudades con identidad.
No es imprescindible en una ruta por Malasia, pero sí recomendable si encaja con tu estilo de viaje. Con uno o dos días es suficiente para conocer lo principal sin prisas.
George Town no se mide en lo que ves… sino en lo que descubres cuando empiezas a mirar sus paredes.
Los mejores lugares de George Town
Imprescindibles
- St. George’s Anglican Church: iglesia anglicana de estilo colonial británico, una de las más antiguas del sudeste asiático. Destaca por su arquitectura blanca y su entorno tranquilo.
- Los murales de George Town: obras de arte urbano repartidas por toda la ciudad que convierten sus calles en una galería al aire libre. Muchos de ellos interactúan con el entorno y cuentan historias locales.
- Penang Esplanade: paseo marítimo con vistas al mar y edificios coloniales. Es un lugar ideal para caminar y disfrutar del ambiente histórico de la ciudad.
- Fort Cornwallis: fuerte construido por los británicos en el siglo XVIII para defender la isla. Hoy es un recinto histórico con restos de murallas y cañones.
- Queen Victoria Memorial Clock Tower: torre conmemorativa dedicada a la reina Victoria, situada cerca del puerto. Es uno de los símbolos del pasado colonial británico de la ciudad.
- Sri Mahamariamman Temple: el templo hindú más antiguo de George Town, conocido por su colorida fachada y sus figuras detalladas. Es un importante centro de culto para la comunidad india.
- Han Jiang Ancestral Temple: templo chino tradicional que representa la herencia cultural de la comunidad Teochew. Destaca por su arquitectura y su valor histórico.
- Kapitan Keling Mosque: mezquita principal de la ciudad, construida durante la época colonial. Su cúpula y su estilo reflejan la influencia islámica en la isla.
Si tienes algo más de tiempo
- The Blue Mansion: casa histórica de color azul que perteneció a un influyente comerciante chino. Hoy es museo y uno de los edificios más emblemáticos de George Town.
- Chew Jetty: muelle de madera sobre el mar donde viven familias locales y hay pequeños comercios. Ofrece una perspectiva diferente y auténtica de la ciudad.
- Penang Hill: zona elevada que ofrece vistas panorámicas de la isla y la ciudad. Se puede acceder en funicular y es ideal para escapar del calor.
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